9 de enero 2004 - 00:00
James Carter: un saxo de Detroit a Punta del Este
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Carter comenzó a tocar de muy pequeño y por su vida pasaron prácticamente todos los instrumentos de lengüeta. Llegó a Nueva York en 1988 para tocar, apadrinado por Lester Bowie, y grabó su primer disco en Japón a los 23 años. Su historia musical es muy rica e incluye participaciones, en vivo y en estudio, con artistas tan variados como la Lincoln Center Jazz Orchestra, Julius Hemphill, Ronald Shannon Jackson, la Charles Mingus Big Band, Kathleen Battle,Aretha Franklin, David Murray, The Art Ensamble of Chicago, Ginger Baker, Sonny Rollins y otros. Hace poco fue elegido por tercer año consecutivo como el mejor saxofonista barítono por la prestigiosa revista «Downbeat».
Periodista: ¿Por qué se decidió por el saxo?
James Carter: Fue un instrumento que siempre me atrajo cuando lo escuchaba en la radio de Detroit. Sin embargo, el que terminó de definirme fue un huésped que tuvimos en casa, un tal Charles Green. El tocaba el saxo con un grupo de veteranos de guerra y ensayaba con ellos en casa. Me fasciné con un saxo alto de plata que tenía; primero me gustaba más como objeto que como instrumento musical. En 1980, finalmente, tuve mi primer saxo propio, también alto por supuesto.
P: ¿Y cómo fue su formación?
J.C.: Empecé tocando música barroca con la flauta antes de tener mi primer saxo. Después pasé a la música contemporánea. Pero, la verdad, lo que me seducía era aprender a tocar jazz. Comencé a ser músico sesionista para diversos discos de jazz. Mi primer maestro fue Donald Washington, a quien llegué por mi hermano Kevin. Con Washington armamos el que fue mi primer grupo, Bird-Trane-Sco-Now, una agrupación que reunía a jóvenes de siete a diecisiete años.
P: Actualmente -y hay críticos que lo cuestionan-muchos músicos jóvenes de jazz
decidieron volver a las fuentes. ¿Cómo ve usted esa situación?
J.C.: Me parece que puede verse desde dos puntos de vista. Por un lado está la actitud de los jóvenes de querer conocer profundamente su pasado, saber de dónde vienen. Pero, cuando se trata de músicos formados, hay que tener cuidado de que ese pasado no se convierta en un impedimento, en un freno para encontrar el propio estilo. Del mismo modo, un músico tiene que tratar de escuchar a otros instrumentistas, a los cantantes, a músicos de otros géneros. Yo tengo a Ornette Coleman y a Albert Ayler como dos de mis más grandes modelos con el saxo.
J.C.: Excelentes oportunidades de entrenamiento musical e instrumental. La obligación de estar en un grupo numeroso tocando en la misma dirección y con un sonido homogéneo es una práctica que todo músico debe hacer.
P: ¿Por qué decidió homenajear a Billie Holiday en su último disco, «Gardenias for Lady»?
J.C.: Desde que descubrí a Billie a través de «Mean to Me», sentí que ella era la quintaesencia del vocalista de jazz. Por otro lado, la relación entre la voz humana y los instrumentos de metal me ha parecido siempre muy natural. Cuando supe que iba a ser músico, conocí y escuché con mucha devoción un disco llamado «The Billie Holiday Story Vol. 3». De modo que llegó el momento de homenajear a esta enorme cantante.
P: ¿Cómo espera su actuación en el festival de Lapataia?
J.C.: Tengo muchas y muy buenas referencias de ese festival; todos mis colegas que han estado han regresado muy entusiasmados. De modo que lo espero con alegría. Allí me presentaré con un cuarteto clásico de jazz, con Leonard King en batería, Ralphe Armstrong en contrabajo y Craig Taborn en piano.
Entrevista de Ricardo Salton

