5 de junio 2001 - 00:00
Jérome Savary: "El Colón debería viajar al mundo"
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P.: ¿Los franceses no cuestionan que sea extranjero?
J.S.: Tengo doble nacionalidad, argentina y francesa; yo nací acá, pero allá importa la capacidad para hacer las cosas. Mi padre era escritor, de ideas pacifistas, completó dos o tres libros; mi madre era una millonaria franco-norteamericana, y mi padre le gastaba la plata. En 1936 fueron a EE.UU. y no les gustó; pasaron a México, donde compraron una estancia, tampoco les gustó, y siguieron bajando hasta comprar un campo en Bariloche y otro en Córdoba; al final se divorciaron, antes nací yo aquí en Buenos Aires. Los primeros siete años de mi vida fueron en Ascochinga, después volvimos a Francia y regresé aquí a los 20 años para hacer el servicio militar, y eso que estaba estudiando en Nueva York. Después me casé con una venezolana; ahora estoy casado con una cubana y tuvimos un bebé hace tres semanas.
P.: ¿Cómo encuentra el nivel artístico aquí?
J.S.: Me gusta mucho lo que se hace en el Centro en Experimentación, el «Mahagonny» que puso Marcelo Lombardero, la música de Gerardo Gandini. Y las tres cantantes para la ópera son sensacionales, veré si me los puedo llevar a todos a París; el Festival de Tango allá fue un gran éxito, pero hay que mostrar esta otra faceta. Me dio pena ver al Colón que se cae a pedazos, pero ahí dentro hay enormes talentos y mucha voluntad. Debiera existir una compañía que represente al Colón y salga a mostrarse por el mundo.
P.: ¿Y respecto de «Los cuentos de Hoffmann»
J.S.: Soy amante de la obra de Offenbach; para mí es un ejemplo comparable a Molière o Shakespeare; era un creador completo. He montado «La vie parisienne», «La bella Helene», «La Perichole», y hasta una ópera feérica que se llama «Un viaje a la luna», que es muy interesante. En cuanto a «Hoffmann», el compositor murió antes del estreno y no pudo disfrutar del reconocimiento como compositor serio. Yo lo veo muy moderno, con modos contemporáneos y melodías extraordinarias. El libreto no es racional, explora el subconsciente, por lo tanto es una ópera «freudiana». Del mismo
modo, para mí Shakespeare inventó el psicoanálisis y Freud sólo escribió la teoría. Esta ópera no hay que montarla siguiendo una fórmula lógica y precisa, es la serie de frustraciones de un «Don Giovanni», y que con los vapores del alcohol le surgen los recuerdos, como en la secuencia «Kleinzach» que resume el estilo de la obra, con ese ritmo alegre tapado por la ola del romanticismo.
P.: ¿Cómo trabajó el personaje de la muñeca Olimpia?
J.S.: Hice la obra el año pasado en la ópera de Orange y fue muy elogiada. Presento a la mu-ñeca y, cuando todos están fascinados con ella, sale una segunda muñeca, que es su espíritu, y solamente Hoffmann la ve, pero como una viva idealización; detrás, hay inmensas muñecas que son muy graciosas y hacen reír. En la «Barcarola» pongo agua en el escenario, un lago, en él tres niñas que juegan con góndolas. No quise hacer lo de siempre, una reproducción cara de Venecia, aquí las máscaras son fantasmagóricas, como salidas del infierno. Es muy simple y despojada toda la puesta; hay un escenario vacío que cobra acción con la gente que ingresa, en el aire pájaros extraños, murciélagos y máscaras, como una puesta al aire libre. Menos mal que se me ocurrió así, porque como en el Colón ahora no hay director técnico es muy difícil trabajar.




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