11 de julio 2006 - 00:00
Jesús Soto: de la geometría sensible al arte cinético
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Jesús Rafael
Soto sostenía
que la
función del
arte es
estimular la
reflexión,
aunque, para
ello, «el
artista tenga
que recurrir a
medios
sensoriales»,
y toda su
obra planteó
esa
disyuntiva.
Los historiadores coinciden en que fue Vasily Kandinsky quien, hacia 1910, abolió los últimos vestigios de figuración pictórica, y consideran a una acuarela suya de entonces como el nacimiento del arte abstracto. Sólo en 1913, en Berlín, Kandinsky se entregó de lleno a estas experiencias, derivadas del fauvismo y del expresionismo. Pero también en ese año, en Moscú -ciudad natal de Kandinsky-, iniciaba Kasimir Malevich un camino distinto con su «Cuadrado negro sobre fondo blanco». A las formas imprecisas de Kandinsky y otros abstractos ( Robert Delaunay, Francoise Kupka, Francis Picabia), opuso Malevich los trazos rigurosos de la geometría.
El constructivismo es un movimiento que entre 1920 y 1930 reunió a creadores de arte (Malevich, Táitlin, Lissitsky, Rodchenko y Gabo) y de arquitectura (Guinzburg, Leonidov, Chernijov y Krasilnikov), y cuyo aporte sólo fue reconocido tres décadas después de su desaparición forzada a manos del stalinismo. Entretanto, la abstracción geométrica (así denominada para diferenciarla de la abstracción orgánica o lírica de Kandinsky) recibió dos grandes impulsos: el neoplasticismo de los holandeses Mondrian y van Doesburg, el belga Vantongerloo y el alemán Vordemberge-Gildewart, que surgió hacia 1917, y los logros de la Bauhaus (1919-23), donde enseñan Klee, Albers Moholy-Nagy.
Fue fundamental para Soto su lectura de «Vision in Motion» de Moholy-Nagy, el pintor constructivista húngaro que produjo el movimiento y la luz con sus «Moduladores», esculturas cinéticas que realizó desde 1922. Con Víctor Vasarely, Jean Tinguely, Alexander Calder, entre otros, Soto participó, de la muestra organizada en 1955 por la galerista francesa Denise René, «Le mouvement», que fue referente para el desarrollo del arte cinético.
En sus paneles vibrátiles, en sus volúmenes virtuales, en sus extensiones, en sus progresiones y en sus penetrables, hay siempre una original creatividad y una atrayente invitación al misterio, el misterio del arte y del ser humano. Entre las variantes constructivistas, el arte cinético y el Op-tical-art (el Op art), puso el énfasis en la luz y en el movimiento, representados en la tela u obtenidos por medios mecánicos y naturales en esculturas y objetos.
Entre las 27 obras que se exhiben en la Fundación Proa, se incluyen piezas de las investigaciones que realizó en las décadas del '50 y '60, «Sotomagie», serigrafías y ensamblajes. Los trabajos de Soto se constituyen en otros tantos y sucesivos viajes por el tiempo y el espacio, por la vida cotidiana y la existencia trascendente, por la imaginación y el entendimiento, en suma, por el interior del hombre. Porque siempre fue el hombre el origen y el destinatario de las indagaciones del artista singular, que desde 1972 alternó su obra y su vida entre París y Caracas.
Sus obras no buscan el deleitepasivo de los espectadores. Todo lo contrario: el público está llamado a completar la realización del artista, pero en este caso no sólo la interpreta sino que además la crea, ayudando al artista a expresarse tantas veces como observadores se detengan frente a ella, se desplacen a su alrededor o se introduzcan en su ámbito. En sus Penetrables el espectador se introduce entre los hilos o varillas verticales y desde ese momento se encuentra físicamente mezclado con la obra.
«Si no esperas, no encontrarás lo inesperado, que es inescrutable e inaccesible», decía Heráclito. En las obras de Soto lo inesperado es una verdad, pero también un santo y seña para deducir lo inescrutable y conquistar lo inaccesible.




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