26 de noviembre 2000 - 00:00
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Después pasó a los estudios SIDE («Besos brujos», «La que no perdonó»), y EFA, donde desarrolló el grueso de su carrera. Supo brillar en las películas de ambientación histórica («La novela de un joven pobre», «La piel de zapa», «Nuestra tierra de paz») tanto como en las comedias de todo tipo («La casa de los millones», «La danza de la fortuna», «El sillón y la gran duquesa», «A la Habana me voy», «Mañana me suicido»...).
«Malambo», «Romance sin palabras», y «Pantalones cortos» señalan otras vetas y confirman su enorme cultura y sensibilidad. En 1952 se retiró del cine y armó su propia agencia publicitaria, que mantuvo hasta los '70. En el '90 donó casi toda su biblioteca al Museo del Cine. No lo hizo en su nombre, sino, expresamente, «en nombre de mis amigos y colegas: Saulo Benavente, Gori Muñoz, Germén Gelpi».


