27 de diciembre 2006 - 00:00
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Carla Guelfenbein: «No me costó escribir desde lo masculino.
Las mujeres conocemos a los hombres más de lo que
creemos... y de lo que ellos creen».
C.G.: No. Las mujeres conocemos a los hombres más de lo que creemos... y de lo que ellos creen. Por otra parte, todas hemos crecido leyendo literatura masculina, mirando películas hechas por hombres, viendo a sus héroes, por lo tanto tenemos el imaginario masculino realmente muy interiorizado.
P.: ¿Sabía que su novela lleva el titulo de una serie de TV española y de una revista literaria argentina?
C.G.: Cuando estaba terminando mi novela vi esa revista y su nombre fue un flechazo, me dije: ese es el título. Después vinieron las críticas. Me dijeron que había usado un cliché, que sonaba a bolero, a novela rosa. Para mí el título establece una ruptura porque la mía no es una novela romántica, trata de dos hombres que están enamorados de la misma mujer, pero las pasiones circulan por todos los vértices del triángulo. La amistad, el amor y el deseo fluyen irrefrenablemente.
P.: ¿No está demasiado transitado el tema del triángulo?
C.G.: Fue una dificultad enfrentar un tema que se ha tocado miles de veces, que es universal, que es un paradigma. El desafío era lograr eso que tantas veces se ha conseguido: que a pesar de las veces que se había contado, lograba que esa vez apareciera como única, como diferente. Y son los personajes, su circunstancia y su contexto los que hacen que esa historia sea única, tan única como los es cuando la vive un ser humano. Además el que relato no es sólo un triángulo amoroso, es un triángulo de amistad.
P.: ¿Cuál es la diferencia?
C.G.: Tienen en común los acuerdos, los objetivos comunes, los proyectos. La diferencia es que la amistad es una relación de libre de elección, que pude crecer o interrumpirse sin demasiados problemas, A diferencia de las relaciones amorosas, la amistad no tiene estipulaciones. Se elige, por ejemplo, ser leal, no traicionar. El enamoramiento lleva a exigencias, y más tarde a contratos. En las amistad no se exigen lo que el otro no está dispuesto a dar. La amistad es en donde la dimensión ética de los seres humanos se pone al desnudo.
P.: ¿Qué cuenta en su novela?
C.G.: Theo, un reportero inglés que conoció a dos chilenos Antonio y Clara en 1986, cuando él era universitario. Antonio y Clara están llenos de ideales y vienen de un país regido por una dictadura, eso seduce al inglés que vive una realidad muy diferente: la de un continente gastado en donde los jóvenes ya no creen que el mundo pueda ser cambiado porque ya todo está establecido desde hace siglos. Theo construyeuna relación muy estrecha con ambos al punto que se establece un triángulo que me permite hablar de la amistad, de la lealtad y sus límites, de las traiciones y de las fantasías.
P.: ¿Todo es una fantasía?
C.G.: Semejante a la que nos hacemos las mujeres cuando hablamos del « hombre de mi vida». Pero mi novela no es sólo eso, trata de lealtades y traiciones, y de una toma final de conciencia. Para eso fusiono dos momentos, aquel del pasado, de 1986 en Londres, y en 2001 en Chile, cuando Theo va visitar a Antonio y a Clara, y Antonio, que lo invitó a pasar la Navidad, muere. Nunca se sabrá si fue una muerte natural o un suicidio. El grupo ha pasado 15 años sin verse, producto de una traición que es una de las claves de la historia. Cuando Antonio llama a Theo: ¿busca vengarse? ¿ reconciliarse? ¿saldar cuentas? ¿dejar a su mujer con él? Cuando me lancé a contar la historia me estimulaban contestar a esos interrogantes. Escribo muy rápido, voy como pedía Virginia Woolf, siguiendo a mis personajes, arrancándole su ropa para construir mi historia. Una vez que tengo la historia, corregirla me lleva no menos de dos años.
P.: Una parte de la crítica cuestionó su éxito.
C.G.: La critica influye en los otros medios de prensa y en camarillas pero no en los lectores.
P.: ¿Qué piensa de Isabel Allende y de Marcela Serrano?
C.G.: Cuando se escucha hablar mal de ellas, decir que no son escritoras, es por pura envidia. Cualquier escritora quisiera estar en el lugar de ellas, vender lo que venden ellas, tener el cariño de los lectores que tienen ellas. Me hacen reír los escritores que le hacen asco al éxito. Yo las admiro, y si Marcela es bien distinta de Isabel, yo soy distinta de las dos.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
C.G.: Un historia a tres voces, la de un niño de 10 años, la de su padre, un cirujano cardíaco, y la de la madrastra, una mujer hija de hippies que tiene un legado inmensamente liberal que le pesa. Cada uno tiene un destino distinto a pesar de vivir como una familia en la misma casa.
Entrevista de Máximo Soto




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