6 de febrero 2004 - 00:00

"La era K volvió 'políticos' a los posmodernos de los '90"

La era K volvió políticos a los posmodernos de los 90
Emilio García Wehbi estrenará a fines de marzo en el Teatro Sarmiento una nueva versión de «Hamlet», con dramaturgia de Luis Cano y un elenco de talentosos actores provenientes, en su mayoría, del teatro independiente: Guillermo Angelelli, Marta Lubos, Ricardo Díaz Mourelle, Gabo Correa, Osmar Nuñez y Luis Herrera, entre otros. Además de este proyecto, actualmente en etapa de ensayos, el director tiene programada para este año una intensa agenda que incluye la régie de la ópera «Anna O.» con música de Marcelo Delgado y libreto de Elena Vinelli, a estrenarse en abril en el Centro Experimentación del Teatro Colón. Como integrante del Periférico de Objetos (que codirige junto a Ana Alvarado y Daniel Veronese), García Wehbi tiene pensando festejar, a mitad de año, el 15º aniversario de la compañía con la reposición «histórica y museística» de «Máquina Hamlet», su espectáculo más celebrado. Provocativo, cuestionador y siempre interesado en transgredir los márgenes de lo teatral, García Wehbi realizó en diciembre pasado, en el Espacio Callejón, una «lectura-performance» de la novela «Moby Dick». Junto al dramaturgo Luis Cano se ocupó de leer la novela completa durante 23 horas y 45 minutos. Dialogamos con él.

Periodista
: ¿Qué quería probar con semejante maratón?

Emilio García Wehbi: Nos propusimos forzar algunos patrones teatrales que rigen en la Argentina, como por ejemplo, que un espectáculo no debe sobrepasar la hora y media de duración. Y se nos ocurrió tomar «Moby Dick» de Herman Melville porque es también la búsqueda de un imposible. Con muy pocas acciones y elementos escénicos, intentamos recuperar algo que se ha perdido, que es la idea del narrador y la capacidad de escuchar lo que otro cuenta. No sabíamos qué podía pasar con la gente y si ibamos a resistir sin dormir. Tuvimos un total de 70 espectadores, gente que entraba y salía, que se iba a dormir y volvía... o que se quedaba a dormir en la sala. El espacio estaba dispuesto para que la gente durmiera ahí, fumara, fuera al bar y se moviera con libertad. El momento más curioso de la lectura fue a eso de las 4 ó 5 de la mañana del sábado, cuando los diez espectadores presentes se durmieron en el piso. Se podían escuchar los ronquidos, pero nosotros seguimos leyendo para los que dormían. La gente se despertaba un rato y nos seguía entre sueños. Fue algo muy especial. Para la próxima me gustaría tomar a los poetas beatniks porque esto fue algo casi alucinógeno, pero Luis Cano sugiere leer «Papillon». Con él tengo mucha afinidad estética e ideológica, pero lo que nos decidió a realizar estas experiencias en común fue que ambos siempre nos opusimos a la estética dominante.


P.:
¿A qué estética dominante se refiere?

E.G.W.: Ah, cambia todo el tiempo, es muy camaleónica. Pero de la de este año, me refiero a la era K, tiene que ver con que se puso en boga « teatro y política». Ahora veo que todos los directores y autores posmodernos que hicieron dinero o lograron fama, popularidad y masividad durante el menemismo -siendo ellos posmodernos y haciéndose los idiotas en cuanto a postura política-hoy dicen que es muy importante hacer teatro político y reflexionar sobre la década del '90, cuando lo que hicieron entonces -tanto en el teatro oficial como en el independiente, pero más me estoy refiriendo más al independientefue burlarse de lo ideológico.


P.:
¿Y por qué cree usted que asumen ahora una postura « política»?

E.G.W.: Porque se acomodan al curso de los tiempos y sacan tajada de lo que les conviene. La ventaja que tenemos los artistas es que podemos tocar todos los temas de la manera que queramos, pero la gran desventaja que tenemos es que somos muchos para unas pocas tajadas de torta. Con torta quiero decir: reconocimiento público, dinero, poder, popularidad y éxito que tanto nos seduce a los artistas. Entonces, para poder conseguir todo esto hace falta estar en el candelero y tener presencia en los medios haciendo lo que dicta el curso de los tiempos. En el menemismo los camaleones eran menemistas y hoy son kirchneristas, pero no es gente nueva, son los mismos de antes.


P.:
¿Y usted qué entiende por teatro político?

E.G.W.: Para mí el teatro siempre fue político y cuando digo político no estoy hablando de partidario ni ideológico, sino de que a través del teatro, de cómo se opera en el escenario en términos estéticos, uno puede producir cambios en el público. No es cuestión de decir: «Voy a hacer la revolución o cantar la Internacional en el escenario, eso no es hacer teatro político. Por eso no creo que haya de verdad una moda de teatro político, la moda está en una revisión del discurso sobre lo político.


Entrevista de Patricia Espinosa

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