17 de mayo 2007 - 00:00

"La mejor juventud"

«La mejor juventud» (La meglio gioventú, Italia, 2003, habl. en italiano). Dir.: M.T. Giordana. Guión: S. Petraglia, S. Rulli. Int.: L. Lo Cascio, A. Boni, A. Asti, F. Gifoni, S. Bergamasco, M. Sansa, V. Carnelutti.

Son muchos los méritos de «La mejor juventud», cuya primera parte (atrapante primera parte) se estrena ahora en un par de salas, aunque quizás algunos lectores ya la hayan visto, cuando su emisión en un canal pago. El mérito más notable es que, pese a su extensa duración, de casi tres horas, engancha de tal modo que uno quiere seguir viendo más todavía.

Es que se cuenta aquí, de forma sencilla y cálida, la historia de dos hermanos italianos, sus amigos, y mujeres, desde 1966 en adelante, con el '68, la mafia, el terrorismo, etc. como trasfondo inevitable pero, ante todo, con unos personajes normales, creíbles, queribles, que comunican emociones, confusiones, cariño. Algo más: son tan creíbles, que a veces toman caminos inesperados. Por ejemplo, ante el encuentro con una chica trastornada, que alterará sus vacaciones y el sentido de las prioridades, uno de los hermanos se hará psiquiatra, en lucha contra la mentalidad carcelaria de los manicomios, pero primero tendrá una linda experiencia hippie por Noruega. Y el otro, que es el más culto, estudioso, y sensible de los dos, se hará policía. Ambos se reencontrarán ayudando en las inundaciones de Florencia. Y sufrirán, más tarde, cuando los manifestantes de Turín dejen paralítico a otro policía, la primera mujer del médico se meta con los Brigate Rose, y de pronto descubran que el padre viene sufriendo calladamente una enfermedad incurable. Tano típico, quería seguir sosteniendo la familia hasta el último día, sin una queja, sin molestar a nadie.

Al padre lo hemos conocido feliz cargando el primer televisor de la casa. Y soñador, pensando en un futuro de computadoras. Es de los que vivieron la guerra. Y la madre también es de las que soportan todo, y abren las alas cada vez que alguien vuelve al nido, y cacarea contenta cuando la hija menor se casa con un amigo de los hijos, que era del '68 y ahora es funcionario en un banco.

Cosa destacable, ésa es una época muy politizada, pero afortunadamente todo el relato se desarrolla sin la política en primer plano, sin la engolada mención de figuras públicas, sin subrayados progres, sin personajes esclarecidos haciendo discursos indignados. Nada de eso. Ya dijimos, éstos son seres normales, que respiran el espíritu de cada época, pero, sobre todo, respiran cosas más permanentes, como el amor a la familia y al deber familiar, el sentido y el placer de la amistad, el gusto de compartir sueños, y la sonriente resignación de verlos deshacerse, en tanto nacen otros.

Los intérpretes son de primera, empezando por Luigi Lo Cascio (el médico) y Alessio Boni (el policía). El libro, despacioso al comienzo, para que uno vaya conociendo los personajes, se hace más sólido y preciso en cada escena, manejando hábilmente el drama, la nostalgia, la alegría. Y al director, hay que destacarlo. Se llama Marco Tullio Giordana, aquí conocido por «Los cien pasos» (I cento pasi, contra la mafia), que también hizo, entre otras cosas, «Maledetti vi ameró» ( contradicciones de amor y odio de un joven hacia sus mayores), «Pasolini, un delitto italiano», un episodio de «Un'altro mondo é possibile» (donde también participaron Mario Monicelli, Francesco Maselli, y otros grandes), y, recientemente, «Quando sei nato non puoi piú nasconderti» (cuando naciste ya no te podés esconder más). Un tipo directo, preciso, comprometido, en la mejor acepción del término, amplio y también sentimental. Su película es larga, pero vale la pena.

P.S.

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