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5 de octubre 2006 - 00:00

"La punta del diablo"

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La punta del diablo» tiene varios defectos menores (de actuación, detalles de verosimilitud, etc.), pero el final de elogiable elaboración poética envuelve toda la historia y hace olvidarlos.
«La punta del diablo» (Argentina-Venezuela-Uruguay, 2006, habl. en español). Dir.: M. Paván. Guión: E. Cortés. Int.: M. Callau, R. Paula, L. Delgado, A. Pauls, M. Onetto, P. Maduro, C. Corbelli.

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Un médico especialista en tumores descubre que tiene uno bastante grave, y decide retirarse a un lugar costero. La decisión se vincula en cierto modo con una ex paciente suya que cree haber reconocido, y a la que piensa seguir. Por supuesto, la mujer tiene su vida, su pareja, su pasado, y su propio dolor. Y la obra tiene sus defectos, pero termina bien.

El pueblo donde transcurre mayormente la acción se llama Punta del Diablo, está casi en el límite uruguayo-brasileño, cerca del Parque Santa Teresa, y sus playas (del Rivero, de los Pescadores, de la Viuda) son muy visitadas en verano. Pero nuestro protagonista llega en invierno. A destiempo de todo el mundo, pero muy a tono con lo que él está pasando. Desolación, sensación de soledad, hora de sacar cuentas y ver que nada alcanza en el balance final, ni tampoco en la provisoria defensa contra los vientos, y contra los sentimientos. Tiene ganas de dejarse llevar, y a la vez, a veces, tiene unas últimas ganas de mujer, aunque no le corresponda, y ésa ni siquiera sea con seguridad la que él había pensado al comienzo.

Por ahí puede ir el juego de palabras del título. La película, en cambio, se empantana un poco y tarda en ir hacia algún lado. Le pesan ciertos defectos menores, a nivel actuación, diálogos, detalles de verosimilitud. Un poco, además, la historia se demora y diluye en la propia retracción interior del hombre, hecho apenas un vagabundo contemplativo, temeroso de nuevos afectos, tal vez sumido en su propia autoconmiseración, inactivo, indeciso. «El perdido», anota alguien para identificarlo. Pero de ahí se sale, y bien.

Mediante un resumen de señalable elaboración poética, el final envuelve adecuadamente la historia, y hace olvidar aquellos defectos menores. Nombres a tener en cuenta, Enrique Cortés, guionista en paulatino ascenso, Marcelo Paván, director debutante, con larga carrera como productor ejecutivo. Por supuesto, también puede tenerse en cuenta el nombre del pueblo, pero sólo para ir en verano.

P.S.

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