21 de agosto 2001 - 00:00
La Sinfónica con buen repertorio y una revelación
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Fue un concierto que enriqueció el conocimiento musical, ya que -exceptuando la Obertura de «Tannhauser» de Wagner- la obra concertante y la sinfonía no se ejecutan con frecuencia. Resultó muy gratificante escuchar «La armonía del mundo», otra partitura sólida del ingenioso Paul Hindemith (1895-1963); y así como se hace necesario conocer la pintura del renacentista Grünewald para comprender su difundida «Matías el pintor», la apreciación de esta obra es más rica si se conocen o recuerdan las teorías del astrónomo Johannes Kepler (1571-1630) sobre las leyes del movimiento de los planetas que ahora se identifican con su apellido, y que el científico alguna vez nominó «sinfonía cósmica».
Hindemith hizo una ópera -que debe ser dificilísima de representar y cantar- y de allí extrajo el material para su trabajo sinfónico en tres partes: Música Instrumentalis - Humana - Mundana. El resultado es definitivamente fascinante, una orquestación proteica, temas que soportan ser metamorfoseados, y esa reverente solemnidad con que abre y cierra la impactante obra, que el mismo autor estrenó en nuestro país en 1954.



