16 de mayo 2007 - 00:00

La UIA, en el espejo de su propia historia

Este libro es útil e interesante, aunque padezca de algunos defectos que tienen ciertas publicaciones ad-hoc, realizadas como objetos de lujo o para presentaciones institucionales antes que como una expresión acabada de la ya muy antigua y siempre renovada industria editorial, como debería haber sido. Relata la historia de la Unión Industrial Argentina en forma amena y documentada.

Es un libro de caja y formato grande, que pareciera más destinado a una mesa de sala de espera que a una biblioteca, terminado de apuro, con dos capítulos sextos y sin índice. No le falta la presumible galería de presidentes, que iguala lo que la historia obliga a diferenciar.

El origen de la industria argentina se enraíza en la aquella primitiva «civilización del cuero» cuyo despliegue dio base material al proyecto independentista, relatado con agilidad y capacidad de síntesis en el capítulo inicial, antes de la fundación de la UIA, que incluye, como joya documental, el discurso de Vicente Fidel López en la Cámara de Diputados en 1873, y la evocación de los debates sobre el proteccionismo de 1875/76 donde fueron protagonistas, además de López, dentro y fuera del parlamento, Carlos Pellegrini, Miguel Cané, José y Rafael Hernández, Dardo Rocha y otros.

El libro relata con abundancia de ejemplos las iniciales etapas de la entidad: los primeros pasos que corren paralelos a la tímida aparición de una conciencia industrial, el dilatado período en que Don Luis Colombo fue su líder indiscutido (durante los veinte años que van desde 1925 al 45), hasta su cambiante y conflictiva relación con el peronismo, su desaparición (1953) y resurrección en 1955, de la mano de la Revolución Libertadora. Describe además, entre muchos acontecimientos significativos, los grandes mitines públicos de 1899 y 1933, con participación de obreros y empresarios.

El Capítulo 5 abarca demasiado: el ciclo de inestabilidad del país entre 1955 y 1981, lo que lleva a emparejar momentos muy disímiles del pasado reciente de la Argentina. Este es el período en el que el propio Félix Luna tiene comprometidos afectos contradictorios que, quizás, interfieran el relato aún a despecho de su probada profesionalidad. En efecto, con Arturo Frondizi lo vinculan tendencias encontradas de admiración y desencanto, que lo han llevado hasta a negarle al estadista interés por la cultura, subordinándola a la política.

Menos evidente es su fugaz convergencia con el «gran proyecto nacional» que propuso el general Lanusse y que naufragó ante las tácticas de otro militar más viejo y astuto, Juan Perón. De ese momento histórico queda el testimonio, en este libro, del apoyo sucesivo de José Gelbard, jefe de la CGE, a uno y otro contendiente, lo cual tuvo fuerte impacto sobre la vida institucional de la UIA. Ella fue, una vez más, absorbida en 1974 por el encuadramiento empresario que impuso el peronismo, ya sin su fundador, para recuperar su autonomía trabajosamente durante el proceso militar enfrentando a Martínez de Hoz y su política económica.

El pasado más cercano aún está palpitando y quizás este libro ayude a ampliar la conciencia, hasta en el propio sector industrial, de su importancia decisiva en la construcción de un país socialmente integrado, tanto como debe serlo en lo geográfico y lo productivo.

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