17 de abril 2001 - 00:00

La vitalidad de Zorba revive en danza

La densidad literaria de «Zorba el griego», de Nikos Kazantzakis, ha servido de sustento -de la misma manera que antes lo había hecho en el film de Gacoyannis con Anthony Quinn-para la realización de un ballet inspirado en su filosofía hedonista.

Naturalmente que en la estructura de la obra -un acto y ocho escenas-se refleja sobre todo lo anecdótico de la extensa novela, aunque también se expresa, de alguna manera, la vitalidad, el humor y el optimismo con que Alexis Zorba encara los hechos angustiosos que rodean su existencia.

El coreógrafo y director del espectáculo, Jorge Dermitzakis, que suponemos tiene ascendencia griega y por lo tanto es un entusiasta difusor de la cultura helénica, diseñó este ballet que ya tiene unos años y que ahora ha vuelto -renovado-a reponer con su compañía.

Ballet d'action al fin, «Zorba el griego» narra las alternativas de la relación amistosa entre Alexis y su patrón, desde la escena inicial donde entran en conocimiento mutuo hasta la final, cuando un cálido abrazo sella de manera definitiva una amistad sólida y viril.

Entre estos dos extremos, el amor, la muerte, la intolerancia y la rapiña son temas que aparecen recurrentemente en su trabajo. Los diseños coreográficos de Dermitzakis se inspiran en el folklore griego y en sus danzas tradicionales populares.

Peripecias

A ellas, el artista agrega comportamiento teatral y gestual para que sus bailarines, además de ofrecer la belleza de sus movimientos y desplazamientos dancísticos, actúen las peripecias de los personajes tanto protagónicos como los del pueblo, siempre presente como entorno coral-social, determinante de la vida en las islas soleadas y rústicas.

La compañía toda estuvo al servicio de la planificación de
Dermitzakis y de la música energética de Theodorakis, pero sobresalieron con su excelencia el Alexis de Kike Delicosta y el patrón de Sergio Olivieri (notable en sus giros) con sus caracteres enfrentados. Ana María Nani compuso una simpática y patética Bubulina y las luces de Nikias revelaron los claroscuros y el resplandor, alternativamente, del sol de la Grecia eterna.

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