26 de abril 2007 - 00:00

"Las mantenidas sin sueños"

Un momento de «Las mantenidas sin sueños», de Vera Fogwill, queal fin puede estrenarse después de cuatro años.
Un momento de «Las mantenidas sin sueños», de Vera Fogwill, que al fin puede estrenarse después de cuatro años.
«Las mantenidas sin sueños» (Arg., 2004, habl. en esp.); Dir.: V. Fogwill, M. Desalvo; Guión: V. Fogwill; Int.: L. Snieg, V. Fogwill, M. Busnelli, E. Díaz, M. Maestro, G. Pauls, E. Berenguer, J. Krakov, N. Condito.

Superado, al cabo de cuatro años, el problema judicial con un estafador francés que se había apropiado del negativo, llega finalmente a las salas comerciales esta obra, que, por suerte, sigue siendo fresca, realmente buena, y bastante graciosa. Durante esos tres años, con una única copia, recorrió festivales y se cansó de ganar premios, 23 en total, incluyendo uno para la actriz, dos para la pequeña coprotagonista, y tres del público para la película.

También en esos cuatro años sus responsables, Vera Fogwill y Martín Desalvo, siguieron progresando. El, como director de «Amas de casa desesperadas» en Colombia y otros países. Ella, solo como actriz, aunque quizá pronto repita la experiencia de guionista y directora. La nena, Lucía Snieg, debe haber crecido un montón. Y en festivales fueron apareciendo varias otras películas con asunto similar, pero ninguna salió mejor que ésta.

El asunto, de reconocible actualidad, nos muestra una familia disfuncional con hija a cargo de la casa, madre soltera haragana, etc. (era la mejor del colegio, pero hoy carece de motivaciones), y personas mayores que se entrometen y/o cargan el fardo, a veces mal, a veces bien. La culpa es de la sociedad, dicen unos. Que cada quien haga su vida, dicen otros. Se arregla con una buena patada, o cortando los víveres, dicen los terceros, desde más afuera. La película sabe equilibrar las cosas: todos tienen su parte de razón, y cada uno está parcialmente equivocado, e inhabilitado para tirar la primera piedra. Y, aunque en el fondo esto sea un drama, cada momento tiene, también, su costado risueño, y todo conduce a un final, digamos, feliz, que abre caminos nuevos, no solo para la nena.

Igual que el título, que juega con el lugar común, la confusión inicial de términos, y la construcción inhabitual de la frase, el relato juega con diversas situaciones fácilmente reconocibles entre nosotros, y muestra la confusión de papeles familiares, donde los mayores son poco confiables, y hasta ridículos, pero, por suerte, siguen siendo queribles. Y son queribles también para el público, lo cual marca, además, la diferencia entre esta comedia y muchas otras películas sobre el mismo tema.

Buena historia, entonces, de Vera Fogwill, y también buena dirección, y muy agradable elenco, integrado por ella, la entonces chiquita Lucía Snieg, que se roba la película, las venerables Mirta Busnelli, Edda Díaz y Elsa Berenguer (a cuya memoria se dedica la obra), Mia Maestro, como una ex compañera con otro sustento, y, como padre de la criatura, Gastón Pauls.

Algún hombre tenía que haber.

P.S.

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