Michael Caine, obligado a sobreactuar, Christopher Walken, digno a pesar de todo, y el resto del elenco hacen lo que pueden con el argumento edulcorado y obviamente aleccionador de «Lazos de familia».
«Lazos de familia» (Around the Bend, EE.UU., 2004, habl. en inglés) Dir.: J. Roberts. Int.: Ch. Walken, M. Caine, J. Lukas, J. Bobo.
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Curiosa road movie multigeneracional, esta películaparece una de esas producciones hechas para el cable, donde buenos actores hacen lo que pueden con unos guiones imposibles, y siempre tan bien intencionados que destilan almíbar y enseñanzas por todos lados.
Es el caso de Michael Caine y Christopher Walken. Caine, groseramente envejecido, para poder hacer de padre de Walken, que desapareció hace 30 años sin dejar rastros, abuelo de un treintañero (Josh Lukas, el actor de «Hulk»), a quien ha criado solo todos esos años, y bisabuelo de un niño de seis años, más o menos. Si el problema fuera sólo el maquillaje, vaya y pase, pero no. En los cerca de 20 minutos que está en pantalla, Caine debe sobreactuar a un anciano medio chiflado, que se niega a morir sin haber reunido a toda su familia, aparentemente obsesionado con unas danzas funerarias tribales que sacó de uno de sus libros de arqueología.
La verdad es que lo que quieresu personaje es otra cosa, pero eso se irá sabiendo a medida que transcurre la historia, cuando aparecido de repente su hijo pródigo (Walken), él decide morirse sobre la mesa de una conocida cadena especializadaen pollo frito, dejando a modo de legado el complicado viaje que sus descendientes tienen que hacer con sus cenizas. Tales patas de pollo aparecerán en toda la película, ya que una de las exigencias del muerto es que sus herederos paren a comer en dichos establecimientos, lo que en buen criollo se llama chivo.
Vale decir que lo que se verá es al padre abandónico recorriendomedio EE.UU. en busca de pollo frito, con la urna del difunto a cuestas y, al lado, el hijo que apenas conoce y que por supuesto no le tiene ningún afecto, lo que acarreará situaciones enojosas, como así también algunos momentos humorísticos. Por suerte, con ellos va el nieto, pequeño pero despierto, el único que sabe a dónde van, aunque tampoco sabe para qué. Objetivo que no se revelará, porque ése es el final a todo llanto. Walken desempeña con dignidad el papel de villano redimido (lo cual es todo un cambio en su carrera). Y eso que el guión, además de lleno de baches sobre su pasado reciente, le reserve un encuentro con la institutriz danesa del niño (una caricatura realmente asombrosa) y también tener que bailar un poco, como para aprovechar el recuerdo del videoclip del músico Fatboy Slim que mostró sus dotes de bailarín hace algunos años. A decir verdad, casi todos los actores están dignos, exceptuada Glenne Headly (la institutriz danesa), pero eso hay que reprochárselo, también, al director debutante Jason Roberts.
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