30 de diciembre 2003 - 00:00
Le Corbusier: la lección del maestro
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«Sentí violentamente que [Buenos Aires] es una ciudad de América con todo el candor, los miedos, los terrores de equivocarse que incitan al pastiche del estilo Luis XVI o del Renacimiento y, a la vez, una ciudad explosiva, con un motor completamente nuevo y un suelo atestado de utensilios de una colonización precipitada, ya inservibles», dijo.
«Que sea Buenos Aires, pues, pura creación humana, pura creación del espíritu, bloque inmenso levantado por el hombre sobre las aguas del río y bajo el cielo argentino. Hay en esta esperanza algo que embriaga, algo que ennoblece», soñó Le Corbusier.
• Advertencia
Seis años después, en 1935, escribió a Victoria Ocampo: «Le ha llegado el momento a Buenos Aires. Yo me siento maduro. Si la ciudad no adopta las disposiciones decisivas de los tiempos, vegetará. Es necesario que los ediles conozcan la gravedad de la cuestión y de esta hora, que no hay que dejar pasar».
Pero será preciso aguardar hasta 1937: entonces, dos flamantes arquitectos argentinos, Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy, visitaron al maestro en su estudio parisiense de la Rue de Sèvres, y lo animaron a trazar el Plan Director de Buenos Aires.
Los diseños y documentos, trazados en 1938-39, llegaron a la Argentina en 1941, y sólo fueron publicados en 1947, casi veinte años después del deslumbramiento de Le Corbusier con la ciudad, o, mejor, con la nueva ciudad que él había avizorado. En esos casi veinte años transcurridos desde 1929, la ciudad había cambiado, y algunas de las ideas del proyecto del maestro se habían desarrollado sin que se conocieran aquí: las dos Diagonales, el ensanche de Corrientes, Córdoba, Santa Fe y Belgrano; la inauguración de los primeros tramos de las avenidas Nueve de Julio, General Paz y Rafael Obligado (Costanera Norte).
A otras propuestas suyas les llegó el turno mucho después, cuando su Plan Director había sido sepultado en el olvido: es el caso de la urbanización de Puerto Madero, emprendida en 1991. Sin embargo, el Plan Director tuvo la virtud de suscitar la creación, a fines de 1947, de la oficina Estudio del Plan de Buenos Aires, en la Municipalidad, encabezada por Ferrari Hardoy, que venía a sustituir al organismo fundado por Carlos della Paolera, en 1932, lamentablemente disuelto en 1943.
Pero la Argentina pudo además contar con la única obra de Le Corbusier levantada en la América Latina (hay otra de él en los Estados Unidos): es la Casa Curutchet, erigida en La Plata y terminada en 1954. También por esto, no sólo por sus conferencias de 1929 y su Plan Director de 1938-39, la visita del maestro a Buenos Aires, hace setenta y cinco años, es un mojón histórico, digno de ser evocado y celebrado.




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