"Les veilleurs" (algo así como «Los guardianes»), del Centre National d'Orléans, abrió el ciclo de danza del III Festival Internacional de Buenos Aires. Aunque quizá no pueda hablarse estrictamente de danza, ya que ésta aparece como una síntesis de diversas formas artísticas. La creación de Josef Nadj (uno de los 12 bailarines que representaron el espectáculo en el escenario del San Martín) constituye una propuesta rara, ríspida e intimidatoria pero a la vez de una profunda belle-za. El coreógrafo recrea el universo kafkiano aportando una mirada nueva de aliento expresionista. Hay una relación estrecha con las artes plásticas y con el teatro del absurdo en la plasmación del espacio y del movimiento.
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Nadj echa mano del teatro de sombras de la tradición oriental y hasta de elementos de la pintura surrealista, aunque en este último componente haya primado la elección de los colores pálidos y fríos. Con imaginación asombrosa, el cuadro se completa con doce actores-bailarines que describen con su accionar espacial una estructura multiforme que abarca el escenario y el espacio aéreo y hasta una posición horizontal en el aire de un bailarín que crea un efecto total-mente revolucionario con relación a las tradicionales.
Todo este despliegue técnico (actoral y dancístico, escenográfico y lumínico) nos remite a un mundo alucinante, en el que las acciones simultáneas de los personajes hablan de la soledad ontológica, de la necesidad de sostén en la búsqueda del afecto y la comprensión, de lo imprescindible del lazo del hombre con el «guardián», el que sostiene, el que ayuda, el que calma. Llámese ángel u otro yo.
La música de «Varieté», de Kagel, subraya -cuando no hay silencio-este mosaico donde lo circense y lo lúcido, lo extático y lo cinético se enlazan o se polarizan en la búsqueda de lo sensible. Nadj y sus once compañeros del Centre Choreographique d'Orléans nos proponen despojarnos de prejuicios e intentar una mirada inocente a la interioridad del hombre.
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