12 de enero 2004 - 00:00

"Libertad Leblanc es un invento mío"

Libertad Leblanc es un invento mío
Después de casi dos décadas en las que se dedicó principalmente a viajar, Libertad Leblanc, estrella sexy de los 60 cuyo nombre llegó a rivalizar con el de Isabel Sarli (una rivalidad que a ella misma le encantaba promover), se decidió a volver a los escenarios. Lo hará en la obra «La zorra y sus lolitos» el próximo 21 en el teatro Premier, dirigida por Juan Carlos Cantafio, un hombre especializado en los retornos con gloria (es el mismo que el año pasado logró convencer a Amelia Bence de que aceptara el papel de Hada sabia en el infantil «Amor invisible»).

Libertad Leblanc
ocupó un lugar destacado en el cine erótico de los años '60 y '70. Su gran habilidad para aparecer en los medios, víctima de un bretel roto «por accidente» o directamente en top less (como se dejó ver en el Festival de Cannes cuando no era corriente hacerlo) le aseguró una permanente vigencia en el público.

Simpática y conversadora, condujo al fotógrafo y a la periodista de este diario por los distintos rincones de su piso en Barrio Norte (mucho dorado, espejos por doquier, incluidos algunos techos), mientras señalaba a su paso fotografías de familia y recuerdos de una trayectoria que marcan una brecha entre su vida privada y su imagen pública.

Periodista
: Usted es una fuente de anécdotas. ¿Nunca le atrajo publicar sus memorias?

Libertad Leblanc: Tuve una vida muy intensa y conocí a gente muy interesante, pero a mi autobiografía la sigo guardando en una caja de seguridad en Suiza. La editorial «Plaza y Janés» estuvo muy interesada en publicarla, pero como ellos iban a tener que absorber los juicios futuros, no se atrevieron. Yo digo todo con nombre y apellido, no me gusta ocultar la verdad. Pero, como tampoco tengo pruebas de lo que digo, no me quiero arriesgar. Ya perdí demasiado dinero en la Argentina.


P.:
¿Por juicios?

L.L.: ¡No! Entre el Rodrigazo y Martínez de Hoz perdí 60% de mi capital. Ahora quiero vivir tranquila.


En sus memorias, Leblanc enumera al detalle los nombres y características de sus muchos amantes, entre los que figuran importantes personajes públicos. Pero, ante el periodismo prefiere hablar de sus prestigiosos admiradores, como Horacio Ferrer, que le escribió un poema en un café de París; Ernesto Sábato, que la incluyó como personaje en su novela «Abbadón el exterminador», o el novelista norteamericano Norman Mailer, quien se carteó con ella durante algún tiempo.

«A mí no me gusta especular con mis afectos»
afirma convencida. «Si alguno de mis romances trascendió ante la prensa fue porque se filtró por otro lado. Por ejemplo, mi relación con Plácido Domingo (señala una foto enmarcada donde ambos aparecen junto a la Reina Sofía de España) se hizo pública en Nueva York porque nos cayeron las cámaras de televisión encima. La relación terminó hace tiempo y si hablé de ella fue porque, en ese momento, a él no le importó que trascendiera».

• Admirador

Una anécdota que le gusta contar comenzó en un Festival de Colombia: «Un admirador me envió al hotel un estuche con tres esmeraldas y una invitación a desayunar.Yo antes le advertí que, si pretendía algo más, le devolvía ya mismo el obsequio. Pero resultó ser un joven muy tímido y romántico que sólo quería conversar conmigo.Años más tarde, estando en Suiza, donde viven mi hija y mi nieto, ví en un diario alemán una cara que me resultaba familiar. Más tarde descubrí que era la de aquel admirador tan dulce que conocí en Colombia. Pero mi yerno me dijo: 'Libertad, no puede ser que lo conozcas, es el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria'. ¡Quién lo hubiera pensado! El sólo quería tomar un café conmigo mirándome a los ojos, cuando todo el mundo me mira las tetas».

P.:
¿Cuánto hace que no actúa?

L.L.: Unos veinte años... No, quizás menos porque hice algunas películas de arte, como «Standard» de Jorge Acha, eso fue en 1991. Pero yo soy una gitana, soy nómade, me gusta andar y viajar. Las empresas que me contrataban me llevaron a lugares carísimos, a hoteles de todo lujo donde siempre tenía que estar muy bien vestida. En los últimos años no hice eso, tomé la mochila, me puse zapatos bajos y me fui a a viajar con mi hija por la India antes de que se casara. Yo inventé a Libertad Leblanc y, en un momento dado de mi vida, la dejé a un costado para seguir mi propio rumbo.


P.:
¿Y qué la llevó a volver a la actuación?

L.L.: Porque es una obra muy divertida y muy rara. Es una especie de comedia del absurdo, donde yo estoy casi sobreactuada en mi interpretación. Me hace mucha ilusión trabajar con gente tan joven y con tanta energía. Me recuerda a cuando empecé, y eso me da mucha ternura y también me energiza. La pieza es muy entretenida, pasan muchas cosas y también hago algunas cancioncitas rodeada de chicos muy bellos y sexys. Soy Ruth, la dueña de una agencia de modelos, que es una especie de Pancho Dotto. Aunque tengo entendido que él es un tipo serio, en cambio Ruth miente todo el tiempo para lograr sus objetivos.


P.:
¿Ganó mucho en su carrera, más allá de lo que dijo haber perdido?

L.L.: Yo, sobre todo, me divertí mucho con todo lo que hice, más allá del dinero que gané. Si no disfruto de algo, listo, se acabó. Es como con los hombres. Puede ser el hombre más rico del mundo, pero si a mí no me gusta no lo toco ni con una caña de pescar.Yo soy así.


Entrevista de Patricia Espinosa

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