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24 de agosto 2021 - 00:00

Perez Alonso: "La identidad de un perro excede nuestra comprensión"

En su nueva novela reflexiona sobre esos compañeros hogareños que pueden "transformar la vida".

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Paula Perez Alonso

“En definitiva, se trata del encuentro con otro que nos cambia la vida”, explica Paula Perez Alonso sobre su novela “Kaidú” (Tusquets), pero, en este caso, ese otro es un perro, un perro callejero, el perro de Juan, el novio de Aína, con el que Aína entra en reflexiva intimidad cuando Juan tiene que viajar, y esa relación inesperada y pasional le cambia su concepción del mundo. Una historia filosófica (donde sin decirlo se debaten las ideas platónicas y las críticas de Spinoza, Nietzsche o Clément Rosset, entre otros). Perez Alonso es editora en Planeta de Argentina; ha publicado las novelas “No sé si casarme o comprarme un perro”, “El agua en el agua”, “Frágil” y “El gran plan”. Dialogamos con ella.

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Periodista: ¿No se debe llamar mascota al animal que convive con nosotros?

Paula Perez Alonso: Es cosificarlo, convertirlo en un objeto. Le quita vida propia, esa identidad que excede nuestra comprensión. Ellos tienen otra forma de estar en el mundo que nosotros no entendemos, están en otra espera. Pensamos que accedemos a ellos cuando los manejamos, los adiestramos, pero los interpretamos con nuestros parámetros y ellos tienen los suyos, más sabios en muchos sentidos.

P.: ¿Tener un perro cambia la relación con el mundo?

P.P.A.: Totalmente, si uno se deja afectar por el vínculo. Son especies compañeras, pero pueden ser más que eso. El cambio de la relación con el mundo sucede cuando ese animal irrumpe en nuestra vida y nos requiere, y no nos tranquiliza sino que nos interroga. A mí me pasó y terminé preguntándome cosas que no tenían respuesta. Esa es la gracia de la vida. Si todo tuviera respuesta qué aburrida sería. Hay que saber abrirse al misterio, a la incertidumbre. Es lo que nos sucede con aquel que nos provoca preguntas, que nos desacomoda. Una de las cosas más maravillosas de la vida es poder vivir ese misterio sin querer fulminarlo con la razón.

P.: Kaidú, el perro del novio de Aína, protagonista de su novela, ¿es una “persona no humana”?

P.P.A.: Es tal el grado de comunicación que alcanzan Kaidú y Aína que ella llega a sentir que hay un acuerdo recíproco, que se entienden sin palabras, que si quisiera Kaidú podría hablar. El diálogo que se establece entre ellos es fundamental. Alcanzan la intimidad desde los silencios. La manera de estar en el mundo que enseña Kaidú a Aína, le descubre que es cómo ella quiere estar. Le enseña que eso es posible. Entre los humanos la necesidad de decir, de explicar, a veces generan las mayores tensiones y los máximos sinsentidos. Cuando se puede estar con otro en silencio, sin necesidad de ponerle palabras a todo, creo que se produce el mayor encuentro.

P.: ¿Nadie acaricia y abraza tanto a una persona como a un perro?

P.P.A.: Ahí aparece el niño, la niña que fuimos. Los chicos no necesitan interpretar, descifrar todo, se comunican de manera espontánea. Ivonne Bordelois me contó de una nena que había desaparecido y la encontraron viviendo en la cucha de su perro, y el perro estaba a su lado cuidándola. Mi novela muestra un mundo sin jerarquías. Para niños y animales no hay jerarquías, y ese es el mundo donde yo quisiera vivir, donde no hay un dominador y un dominado, donde viviríamos como pares. Spinoza habló de eso y Nietzsche dijo dejemos que los animales nos guíen, que el animal es el puente entre el niño y el superhombre, que es aquel que ha aprendido a vivir en la inmanencia, que no hay nada fuera del mundo, que no vamos a ningún lado, que no hay una finalidad, que no somos el centro del mundo. Eso los animales lo tienen, viven en el presente. En el mundo los animales son como el agua en el agua, y si aprendemos a ser como ellos seremos más sabios y menos infelices. En ese sentido la historia de Kaidú desestructura, rompe con los tranquilizadores estereotipos dualistas. Muestra que una chica se puede enamorar de un perro y un perro de una mujer. Por eso Kaidú no es una mascota, no es un animalito de compañía sino un ser que desestabiliza.

P.: En su primera novela estaba indecisa en tener un perro, en la quinta lo tiene.

P.P.A.: Me sorprendió el éxito de “No sé si casarme o comprarme un perro” porque era una novela densa, trágica, política, con un título revulsivo. Es una parábola increíble que termine casándome con un perro. La vida es insólita, por eso hay que estar abierto, dejarse afectar por las cosas. Jamás pensé que me podía pasar algo así, y me pasó. Mi vida es antes y después de Kairú, por eso escribí ésta novela. Aína me permite contar una experiencia única, íntima, secreta, pasional: Ella es una mujer convencional atrapada por cosas que la atormentan, la fidelidad, la infidelidad, las coordenadas que nos atraviesan en ese mundo binario en el que vivimos, que tanto nos reduce, y que vamos desaprendiendo y desarmando como podemos. Kaidú le enseña un mundo mucho más amplio, sin esos problemas, donde se puede vivir de otro modo. En definitiva en la novela se trata del encuentro con otro que te cambia la vida.

P.: ¿Ahora que está escribiendo?

P.P.A.: Estaba escribiendo una novela corta pero la pandemia me alteró. Están los que lograron escribir a pesar de la pandemia y los que nos bloqueamos porque lo real se nos impuso demasiado. Había retomado el día que me enteré de la muerte de Juan Forn, y me interrumpió la tristeza. En fin, no me está funcionando el punto de fuga que es la escritura, pero espero pronto retomar.

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