17 de mayo 2001 - 00:00

Los Berman, fieles a la gran tradición

Pavel Berman.
Pavel Berman.
Lazar Berman es uno de los grandes pianistas clásicos de la actualidad. Nacido y formado en la desaparecida Unión Soviética, hizo una importante carrera internacional que lo trajo también varias veces a la Argentina desde su primera visita en 1987.

Esta vez vendrá con su hijo violinista Pavel que, aunque menos conocido, ya tiene varios premios internacionales y el reconocimiento de la crítica. Padre e hijo compartirán un recital en el teatro Gran Rex el próximo 23 de mayo con un programa que incluirá la Sonata Op. 47 de Beethoven, la «Fantasía Brillante» (sobre el «Fausto» de Gounod) de Henryk Wieniawsky; «Ningun» de Ernst Bloch y la Fantasía Op. 25 (sobre la ópera «Carmen» de Bizet) de Pablo de Sarasate. Dialogamos con Pavel Berman poco antes de su llegada al país.

Periodista: ¿Qué sensación le produce tocar con su padre?

Pavel Berman: Me hace feliz tener la posibilidad de tocar con un artista de su magnitud. Pero cuando tocamos juntos no estoy pensando que es mi padre; es un compañero.

P.: ¿No le preocupan las posibles comparaciones?

P.B.: Somos muy diferentes. Tocamos diferentes instrumentos. Tenemos personalidades propias. Honestamente, lo pienso más en término de complemento que de comparaciones.

P.: Usted comenzó a tocar siendo un niño. ¿Siente que perdió cosas por eso o está contento de haberlo hecho así?

P.B.: Yo empecé desde muy pequeño, efectivamente. Tenía apenas cuatro años cuando comencé a tocar -lo hacía con mi padre en el piano- y siete cuando ya estaba haciendo giras por Rusia tocando Vivaldi con orquestas de mi país. La verdad, creo que no sólo ha sido bueno sino que ha sido necesario. De ese modo, uno se familiariza muchísimo con el instrumento. Y lo recuerdo bien porque nadie me obligó a hacerlo. Era mi deseo. Esto no quiere decir que no jugara como todos los chicos. Me encantaba el fútbol, tenía mis amigos.

P.: ¿Qué han significado los premios en su carrera?

P.B.: Yo gané un segundo premio en Génova y la medalla de oro en Indianápolis en 1990. Por cierto, esos premios fueron importantes porque me abrieron muchas puertas, más allá de la alegría que sentí en esos momentos. Siempre es muy grato ser reconocido.

P.: ¿Por qué cree usted que los músicos y el público siguen prefiriendo la música de los siglos XVIII y XIX y le prestan menos atención a la música del siglo XX?

P.B.: La música contemporánea no se escucha porque no ha surgido un volumen de compositores equivalente al de los siglos anteriores. Hay músicos y público interesados en las cosas nuevas, pero siempre es más difícil acercarse a ellas porque aún no han madurado en el oído de la gente. Por cierto que hay compositores del siglo XX que se han transformado en clásicos: Mahler, Bartok, Stravinsky. Pero cuando los lenguajes se hacen más complicados, el público se reduce naturalmente. De todos modos, como le dije, no creo que sea solamente un problema de lenguaje; me parece que tiene que ver con la calidad general de la música. Para mí la música siempre es hermosa. Pero la música del siglo XX ofrece nuevas armonías que a mí y a mucha gente nos resultan menos atractivas. Es una cuestión de conexión con tal o cual música; son diferentes maneras de representar al hombre. Todas son muy respetables pero yo sigo sintiendo mayor afinidad con la música de los siglos anteriores.

P.: ¿Le parece que en realidad podrían ser algunas músicas populares las más representativas del siglo XX?

P.B.: El jazz ha sido un gran descubrimiento, pero el jazz vive en un momento, en la improvisación, en el instante irrepetible de un concierto o una grabación. El tango también es una música muy importante, aunque es bien distinta del jazz. La música pop, en cambio, es algo que sirve en un momento determinado, que puede entusiasmar a mucha gente en un estadio, pero mucho de eso pasa rápidamente y en poco tiempo nadie se acuerda de ella.

P.: ¿Le parece que el atonalismo podrá ser popular alguna vez?

P.B.: Todo puede suceder; realmente no lo sé. Los compositores siempre están investigando, recreando sobre distintos caminos. Pero es difícil predecir lo que sucederá en el futuro. No debemos olvidarnos tampoco de las músicas relacionadas con los avances tecnológicos. Lo que sí es seguro es que no será sencillo superar a compositores de la talla de Brahms, de Beethoven, de Schubert, de Schumann.

P.: ¿Cómo arma su repertorio?

P.B.: Cuando toco con mi padre, es algo que conversamos y decidimos entre los dos. Pero siempre me baso en lo que me interesa personalmente a mí. No estoy pendiente de hacer cosas que nunca fueron hechas ante-riormente, ni si voy a seducir al público o a la crítica, ni si voy a vender muchos o pocos discos. Creo que cuando uno elige un repertorio tiene que elegir aquello que puede tocar mejor, y seguramente será aquello que a uno le gusta más.

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