7 de enero 2004 - 00:00

Los "Diarios" de Alejandra Pizarnik, editados con pudor

Los Diarios de Alejandra Pizarnik, editados con pudor
Ahora, que han aparecido sus esperados «Diarios», no estará de más recordar dos o tres cosas de la vida de Alejandra Pizarnik, nacida el 29 de abril de 1936 en Avellaneda, y hallada muerta de una sobredosis de Seconal, el 25 de septiembre de 1972, en su departamento de la calle Montevideo. Alejandra era el segundo nombre de Flora Alejandra Pizarnik, segunda hija de un matrimonio de judíos llegados a la Argentina dos años antes de su nacimiento, originarios de Rovne, ciudad que fue polaca y hoy es ucraniana.

Al llegar a Buenos Aires, el padre y la madre de Pizarnik tenían 27 y 26 años, respectivamente, y no hablaban una palabra de castellano. Durante su infancia y la de su hermana Myriam, nacida veinte meses antes que ella, Alejandra oía a sus padres hablar yiddish en casa, y aunque algunos biógrafos afirman que ninguna de las dos hijas aprendió esta lengua, no cabe duda que el «oído» de Alejandra se formó en buena medida al contacto con ella.

Con 19 años, cuando aún era Flora Alejandra, Pizarnik publicó su primer libro de poesía, «La tierra más ajena» (1955). Hacía un año que había iniciado estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Este libro lleva en epígrafe una cita de Rimbaud, que empieza: «¡Ah! El infinito egoísmo de la adolescencia...» Asunto aparentemente anecdótico, en realidad fundamental: la adolescencia de Alejandra Pizarnik, y no sólo cuando publica su primer libro, sino su eterna adolescencia, preservada por ella misma con sangre, sudor y lágrimas hasta el día de su muerte.

Alejandra
no tardó en abandonar los estudios universitarios, y durante un tiempo estudió pintura con Juan Batlle. Los dibujos y pinturas de Pizarnik son sorprendentes; algunos delatan su admiración por Paul Klee («Las aventuras perdidas», su tercer libro de poemas -1958-, lleva en ilustración un cuadro de Klee), su pintor favorito junto con el Bosco, en una de cuyas más conocidas obras se inspiró para «La extracción de la piedra de locura».

• Pasión

En 1956 publicó su segundo poemario, «La última inocencia», dedicado a León Ostrov, su psicoanalista y amor platónico durante años. En esta época Pizarnik inició una vida social y literaria muy intensa. De hecho, siempre tuvo una vida intensamente social y sexual, con excepción del último año y medio de su vida, cuando se produce el derrumbe psíquico. También son años de fracasos amorosos, marcados por la desaparición de Jorge Gaitán Durán, por quien concibió una pasión que se prolongó más allá de la muerte del poeta colombiano.

La etapa creativa y vital más importante de Pizarnik coincide con su estancia en París, de 1960 a 1964. A pesar de auténticas penurias económicas y frecuentes brotes depresivos, trabajó para «Cuadernos del congreso por la libertad de la cultura», fue miembro del comité de colaboradores extranjeros de «Les Lettres Nouvelles», asistió a clases en la Sorbona y frecuentó a escritores franceses (Yves Bonnefoy, André Pieyre de Mandiargues, Henri Michaux) e hispanoamericanos, como Octavio Paz y Julio Cortázar. De este periodo son los extraordinarios poemas de «Arbol de Diana» (1962), con prólogo de Paz, y el inicio de su colaboración en prestigiosas revistas literarias.

De vuelta a Buenos Aires publicó
«Los trabajos y las noches» (1965).

Ese año también es el de su único libro extenso en prosa,
«La condesa sangrienta», recogido en volumen en 1971. «Extracción de la piedra de locura» (1968), con poemas escritos entre 1962 y 1966, y «El infierno musical» (1971) concluyen la obra publicada en vida. En los dos últimos años exploró su vertiente más salaz, obscena y grotesca. Hasta enero de 1972, durante cinco meses estuvo internada en un psiquiátrico. Acabó viviendo plenamente de noche, bebiendo té e ingiriendo grandes dosis de psicotrópicos. Una de estas ingestas le fue fatal.

La publicación de sus
«Diarios» es una edición censurada. El prolongado proyecto editorial que ahora llega a término ha estado en todo momento sometido a las condiciones impuestas por Myriam Pizarnik, heredera de la obra de su hermana, notablemente la de que se hiciera una selección de fragmentos de contenido estrictamente literario en los que se evitaran las referencias a la vida privada de Alejandra y de las personas mencionadas. Ahora bien, ¿cómo segregar en un «Diario» lo personal y privado de lo público (o publicable) y literario?

La selección de un corpus diarístico puede hacerse, claro está -un ejemplo célebre es
«A writer's diary», la versión expurgada del «Diario» de Virginia Woolf editada por su marido en 1953-, pero a condición de explicar los criterios de selección con claridad meridiana.

Transformar en criterios editoriales las prevenciones de terceras personas, impuestas bajo la amenaza de sanciones legales, es bastante grave. En otro plano, el del establecimiento del texto y el aparato de notas, la presente edición se rige por criterios de difícil comprensión. Así, se ofrecen en el texto las siglas onomásticas, pero rara vez se aclaran en nota. Esto hace que las escasas notas referenciales (
Arturo Cuadrado, Olga Orozco, Cristina Campo o Alberto Manguel) parezcan meramente caprichosas. El lector se ve confrontado en no pocas entradas, sobre todo en los años 1969-1971, a una verdadera sopa de letras.

A. M. B
. puede ser Ana María Barrenechea; E. P., Enrique Pezzoni; S. O., Silvina Ocampo; I. B., Ivonne Bordelois. Pero, como diría afrancesadamente Pizarnik, ¿»qui sait»? ¿Quiénes son J. y E. en Buenos Aires en 1958; T., Z., F., G. en París en 1961, y en 1963 Y., Q., M. L., A. D., M. J., A. P. de M. (seguramente André Pieyre de Mandiargues, pero ¿no se merece, tanto como Manguel o Campo, una humilde nota?).

¿Que el lector puede leer esta selección de sus
«Diarios» con deleite? Sin duda. Quien conozca su obra hallará en estas páginas muchas de las obsesiones y modismos de la escritora. Sólo cabe esperar ahora que alguien menos respetuoso de los tabúes familiares y nacionales logre editarlos en su integridad.

Dejá tu comentario

Te puede interesar