17 de mayo 2001 - 00:00

"Los de izquierda se apuran hasta al hacer el amor"

Fernando Vizcaíno Casas.
Fernando Vizcaíno Casas.
(16/05/2001) Fernando Vizcaíno Casas volvió a la Argentina para presentar «Ecos de suciedad», novela donde ironiza sobre los reality shows, y «Los pasos contados», primer tomo de su autobiografía. Vizcaíno Casas es un caso singular en las letras españolas, ha vendido más de 4 millones de ejemplares, de sus 38 títulos. Periodista y abogado, logró popularidad literaria a los 50 años con su novela «Al tercer año resucitó», llevada al cine y a la historieta, y con más de 700 mil ejemplares vendidos.

Periodista: Escribió un libro contra los reality shows...

Fernando Vizcaíno Casas: «Ecos de suciedad» es una sátira de esos programas que llaman reality shows, que son de escándalo, sexo y los mayores disparates, se cuentan intimidades, y como son cosa muy zafia, muy grosera, muy tosca, muy bruta, muy torpe por tanto tienen gran éxito. Bueno, también están esos que llaman «programas del corazón», que son más de la bragueta, pero en fin...

P.: ¿Por qué se interesó por esos programas?

F.V.C.: Porque (ríe) seguramente, por su esmerada selección de personajes, llenos de atractivo cultural y delicada sensibilidad, que realizan cosas tan interesantes como no hacer nada y dicen cosas de tal profundidad como contar largamente de un dolor de estómago logran ocupar reiteradamente el primer lugar en el share televisivo; o sea, que se trata de lo más visto por telespectadores cuyo buen gusto selectivo resulta notorio. Un día perdí unos irreparables minutos con uno de esos programas y decidí escribir «Ecos de suciedad».

P.: ¿Qué es «Los pasos contados»?

F.V.C.:
El primer tomo de mis memorias. Va desde mi nacimiento, que se pierde en la noche de los tiempos, fue un 23 de febrero de 1926, hasta 1950, en que termino la licenciatura de Derecho en Valencia y me voy a Madrid a hacer el doctorado y ya me quedo allí, donde hasta ahora estoy.

P.: ¿Cuántos tomos proyecta escribir?

F.V.C.:
Quiero que sean tres, un tomo por cada 25 años, si es que llego. En el primero agarro la Segunda República, la guerra y la posguerra. Una de las razones del interés es que cuento mis vivencias, mis recuerdos, es decir, la verdad. La historia consiste en que muchos escriben sobre lo que no han conocido, sobre lo que se inventa, sobre lo que quisieran que hubiera ocurrido. Yo no, yo escribo sobre lo que vi, y desgraciadamente fue muy triste todo. Afortunadamente lo superamos y, gracias a Dios, si no fuera por el cáncer terrible del terrorismo, el país está estupendamente bien.

P.: ¿Es posible escribir una autobiografía con el humor que lo caracteriza y que, a la vez, sea sincera?

F.V.C.: Bernard Shaw explicó que el humor permite decir muchas verdades sin ofender. O, por lo menos, impidiendo que el ofendido tenga una reacción violenta. En el primer tomo de mi autobiografía, nada tuve para mentir, como trata de mis primeros 25 años, hasta he podido contar picardías, luego será más difícil, porque tengo valores que debo respetar y cosas que no tengo que contar por los papeles. En toda mi obra el humor me ha ayudado porque supone la antiviolencia. La persona afectada por una ironía, si es medianamente normal, o se fastidia y se calla o contesta con otra, lo que no puede es pegar una patada entre las piernas. Siempre se cuenta que en el Parlamento de la Segunda República, Gil Robles que era el líder conservador, un hombre muy pacato, muy católico, estaba haciendo un discurso muy retrógrado, y un diputado de la oposición le dijo: «Su Señoría es tan antiguo que aún usa calzoncillos largos». Gil Robles contestó: «Que indiscreta la señora de su Señoría». Eso es una prueba de la eficacia dialéctica del humor. A mí me ha permitido decir muchas cosas eludiendo la querella criminal y el bofetón en 38 libros y algunos muy duros y directos.

P.: Usted sostiene que los de derecha hacen mejor el amor...

F.V.C: Al decir de mis amigas es así, efectivamente. Conozco casos de gente muy de izquierda que antes de hacer el amor obliga a cantar «La internacional», y eso siempre es muy molesto. Además los de derecha vamos mejor vestidos, incluso de ropa interior, mejor perfumados. Tengo entendido que los marxistas en primer lugar van sucios, llevan «El capital» bajo el brazo y se lo leen a la susodicha antes de la cosa, y la cosa es pumba pumba. Y no es así, hay que tener un regodeo, porque la precipitación es gravísimo error, y parece que la izquierda, así le va, se precipita en esto y en todo.

P.: ¿En una autobiografía la clave es lo que se deja de lado?

F.V.C.: Soy naturalmente muy vanidoso, pero no jilipollas, y he comprendido que en esos primeros 25 años mucho más interés que lo que hice es lo que pasaba a mi alrededor. Por eso hablo más de mi entorno que de mí mismo. Evoco una época, recuerdo unos acontecimientos, de modo más que autobiografía es una historia de 25 años a través de mi voz en off. Yo soy el pretexto para recordar las cosas importantes que ocurrieron en España.


P.: ¿Qué espacio da a la literatura?

F.V.C.:
Cuento de mis primeras lecturas, mis primeros contactos con la literatura y el periodismo, que comencé a los 18 años. Y si bien iba de meritorio dio la casualidad que le hice la última entrevista a Manolete, que se publicó en víspera de morir en la Plaza de Linares. La última entre-vista tuvo una enorme difusión y pasé al periodismo profesional.

P.: Fue una etapa de poetas y escritores famosos. Se suele citar el asesinato de García Lorca.

F.V.C.: O de Muñoz Seca, o de Ramiro de Maeztu, o de Víctor Pradera. El único muerto de la guerra se pretende que fue el pobre Lorca, fue un salvajismo fusilarlo, pero ojo que los otros también fusilaban. Gonzalo Torrente Ballester, demócrata, liberal, dejó escrito que contra el tópico la poesía se hizo en España durante la posguerra y por más que sonaron mucho León Felipe, Alberti, García Lorca, Miguel Hernández y Cernuda. Pero en España estaban Damaso Alonso, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Pepe Hierro, García Nieto y otros muchos. A mí me parece maravilloso que haya habido tan buenos poetas en un sitio y en el otro, lo que ocurre es que siempre han tenido mucha mejor prensa los de izquierda que los de derecha. Es una constante histórica, la izquierda arropa a sus autores, del mismo modo que desprecia a los ajenos. En eso la gente de derecha somos mucho más honestos. Yo nunca me cansaré de elogiar a Alberti, Lorca, Max Aub, Sender. Magníficos escritores. Que no pensarán como yo, me tiene su cuidado: no juzgo a las personas por cómo piensan, sino por como obran.

P.: Su gran bestseller sigue siendo «Al tercer año resucitó»...

F.V.C.: Fue un caso absolutamente insólito, lleva más 700 mil ejemplares vendidos en 67 ediciones. No tiene precedentes en la historia literaria española del último siglo. Se hizo en cómic y en cine, y fue la película más vista en España ese año. Si lo hubiera publicado en Estados Unidos, que Dios me libre, estaría en un yate en el Mediterráneo concediendo entrevistas. Y no es el libro mío que más me gusta. Comprendo que me salió gracioso y tuvo que ver con circunstancias del momento: a los tres años de la transición había cierta desesperanza, un cierto desencanto, y yo hice que Franco resucitara. Pero tengo otros libros que me han dado halagos. «Hijos de papá» acá, en Buenos Aires, fue el libro más vendido el año en que salió. Y «Ecos de suciedad» anda ya por los 100 mil porque afronta un tema que está en la calle. Mi idea siempre ha sido escribir sobre temas que tengan un interés inmediato o cercano.

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