8 de enero 2004 - 00:00

Los ojos brillan, el film a veces

Los ojos brillan, el film a veces
«Tus ojos brillaban» (Argentina, 2003, habl. en esp.) Dir.: S. Fischbein; Guión:
R. Scrott, S. Fischbein, M. Marx ; Int.: F. Gianola, L. Oliva, C. Medina, M. A. Rodríguez, S. Traverso, I. Fournery, Aschira, L. Pereyra, H. Arana.


Casi diez años después de su última producción, «Hasta donde lleguen tus ojos», Silvio Fischbein retoma la actividad y presenta otro film ocular, «Tus ojos brillaban», que, contra lo que inmediatamente pudiera suponerse, no es una continuación del anterior, sino algo distinto, y un poco mejor.

Esta vez se trata de una comedia costumbrista con interesantes apuntes sobre la evolución del amor matrimonial, que se desarrolla a lo largo de varios años e hijos entre complementos, desgastes, y reincidencias mas o menos culposas de diverso tipo, porque el protagonista, Fabián Gianola, es un enólogo (envidiable profesión de moda) con bastante tiempo y soltura como para disfrutar nuevos sabores de gran cuerpo fuera de la bodega de su casa, donde se choca con su mujer cada vez más agriada.

También la mujer, Laura Oliva, por ahí tiene ganas de algo menos volátil, y es mucho más concreta que el hombre. Este tipo de cosas a cualquiera le pasan, y lo bueno de la película es que se sostiene en esos pequeños gestos o situaciones ampliamente reconocibles, como el cruce del padre de un nene con la madre de una nena en el jardín de infantes (encima la mamá es Claribel Medina, que quiere coquetear un poco, sanamente pero no en familia). O cosas que le pasaron a algún conocido, que creyó que se enganchaba una liberada y terminó sintiéndose medio ridículo.

• Humor

La historia está sazonada con algunos chistes de gimnasio o de bar que a veces son viejos, y el final parece que se alarga, pero a lo mejor está puesto así para que las parejas salgan discutiendo, cada cual con su punto de vista. Se nota que el guión fue hecho por gente que ha vivido, pero igual debería tener más mordiente, y más ritmo. Ese problema puede llevarlo al divorcio con el público, aunque, si uno sabe esperar, poco antes del final va a disfrutar con una reaparición de lujo: Susana Traverso, haciendo un personaje precioso de mina piola que ya viene de vuelta. «Te puedo escuchar», dice, y agrega un par de opciones que dan ganas de tomarla enseguida como terapeuta de cabecera.

J. del C.

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