27 de julio 2007 - 00:00

Manso: "Cuando pase la moda del caño volveré a la televisión"

Leonor Manso ante una dirección controvertida: «Aniquilados», con su ex marido Patricio Contreras, creación de la revulsiva dramaturga Sarah Kane.
Leonor Manso ante una dirección controvertida: «Aniquilados», con su ex marido Patricio Contreras, creación de la revulsiva dramaturga Sarah Kane.
Leonor Manso aguarda con ansiedad el estreno de «Aniquilados» (1995). Se trata de la pieza más revulsiva de la dramaturga inglesa Sarah Kane, una pesadilla que asocia la violencia familiar y el abuso de menores a las atrocidades cometidas en la guerra de Bosnia. La obra, cuyo título original es «Blasted», subirá a escena mañana en el Portón de Sánchez con un elenco integrado por Patricio Contreras, Belén Blanco y Fabio Di Tomaso.

«Cuando vi que no había ningún personaje para mí, decidí meterme igual porque soy ariana y loca», dice Manso, quien acaba de finalizar el rodaje de «Luisa», opera prima de Gonzalo Calzada que la tiene por protagonista. Allí interpreta a una mujer que ha perdido a su marido y a su hija y vive aislada con su gato hasta que la crisis de 2001 le da un giro a su vida.

Este año no tiene en vista ningún proyecto televisivo: «Cuando pase la moda del baile del caño y la televisión vuelva a contar historias seguramente tendré trabajo», comenta. Aún disfruta de la cálida recepción que tuvo en el Festival Grec de Barcelona, donde presentó «4.48 Psicosis» dirigida por Luciano Cáceres. En España, muchos la siguen recordando como «la Yoli de 'Made in Argentina'» (la adaptación cinematográfica de «Made in Lanús»). Dialogamos con ella.

Periodista: Harold Pinter fue uno de los pocos que defendieron la pieza de Kane, los críticos ingleses recién la valoraron tras el suicidio de la autora.

Leonor Manso: Cuando se hacen obras como «4.48 Psicosis» o «Aniquilados» siempre dicen: «¡Es muy fuerte!», dando a entender que está haciendo algo muy malo. Vivimos una realidad tremenda, pero estamos cada vez más anestesiados. ¿Por qué aterrarse tanto de la crueldad en el teatro si lo que éste hace, precisamente, es llevarnos a un estado de catarsis? El teatro nos obliga a mirarnos a nosotros mismos y a conectarnos con nuestra capacidad de horror.

P.: Pero tiene que admitir que la obra es muy dura. Hay abuso sexual, canibalismo, violación anal, mutilaciones...

L.M.: La relación de este hombre y esta jovencita es evidentemente incestuosa. En el primer acto, él la humilla y le hace creer que ella es responsable de esta situación. Es un mecanismode perversión muy común,lamentablemente. En el segundo acto todo explota y se pasa de lo privado al mundo exterior, a una guerra generalizada en la que se ha perdido toda dignidad humana. El clima es pesadillesco, pero sobre el final hay un pequeño margen de esperanza. No todo está perdido.

P.: ¿Le resultó difícil dirigir a su ex marido, Patricio Contreras, en una obra tan escabrosa?

L.M.: Ya lo hice en « Esperando a Godot» y nos llevamos muy bien. A mí, por pudor, no se me hubiese ocurrido ofrecerle este papel, porque tiene un costado muy oscuro y perverso. Pero él se ofreció a leer la obra, para darme su opinión. Al principio le pareció terrible, pero después me dijo: «Hay que hacerla» y se involucró en el proyecto. Sólo me pidió una cosa: «No quiero que Paloma vea esto». Pero nuestra hija está acostumbrada, nos acompañó en todos los ensayos. Además es actriz...

P.: Antes de «4.48 Psicosis» usted protagonizó una obra en el Cervantes que se levantó antes de tiempo por problemas gremiales. El problemacontinúa pero ya no hay movilizaciones de protesta.

L.M.: Yo creo que las instituciones que nos representan no están en un pie de lucha como en otras ocasiones, tanto la Asociación de actores como Argentores. El Cervantes estuvo muchas veces en peligro y siempre se salía a la calle y se reclamaba. Cuando yo hice «En auto» de Daniel Veronese y la levantaron hicimos una gran movida. Después las autoridades del teatro me mandaron una carta documento.

P.: ¿De qué la acusaban?

L.M.:
Fue por unas declaraciones que hice. Dije que no entendía por qué el Cervantes estaba cerrado y que las razones que se esgrimían eran oscuras y engañosas. Y como ve, todavía sigue cerrado.

P.: ¿Usted qué piensa de todo esto?

L.M.: Lo que sé es que quieren dejarlo pasar como un problema gremial. Aparentemente, un grupo minúsculo acordó algo en paritarias con lo cual la mayoría no está de acuerdo. A esta altura todo es lo necesariamente confuso como para que el Estado pueda echarle la culpa a los trabajadores y no haga nada al respecto. No es casual que nadie entienda lo que está sucediendo, lo único concreto es que el teatro sigue cerrado y con una programación ensayada y lista para debutar. Inclusive se le ha pagado los sueldos a los elencos, pero así y todo el teatro no se abre. Los funcionarios siguen haciendo oídos sordos. Nadie hace nada.

Entrevista de Patricia Espinosa

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