José María Muscari presentó su espectáculo «Shangay» en la XX Fiesta Nacional del Teatro, que este año se celebra en el valle rionegrino.
Cipolletti - La XX Fiesta Nacional del Teatro se trasladó este año al valle rionegrino, con elencos de todas las provincias de fuerte tradición teatral como Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, y prolífica labor en los últimos tiempos como la Puna. Esta muestra se celebra casi sin interrupciones desde 1985 en diferentes provincias (excepto en 2001 que se suspendió por la falta de presupuesto).
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Las inasistencias por Semana Santa por parte de funcionarios también reflejan prioridades. No llegó José Nun, por caso, lo que contrasta con el incansable esfuerzo de los teatreros del INT, que organizan la fiesta durante todo el año. El efecto Cromañón se hizo sentir en la organización y trajo algunos imprevistos: las tres ciudades recibieron fuertes inspecciones en salas con requisitos de habilitación inesperados que hasta último momento se trataban de solucionar.
Agregaron matafuegos, señalizaciones, salidas de emergencia, eliminaron material ignífugo y, lo más importante, debieron respetar a rajatabla la capacidad en salas. En el pequeño espacio que ofrece la Casa de la Cultura de General Roca, con lugar para 80 espectadores, era habitual hasta ahora que ingresaran 200 y se acomodaran en escaleras y pasillos. Pero esta vez se limitó el máximo de 80 y por ello recibieron quejas de espectadores que se quedaron afuera. En Cipolletti y Villa Regina el espacio es mayor, con 200 y 800 localidades respectivamente.
• Mediación
Las marchas y contramarchas parecían amenazar la habilitación de la sala en General Roca, hasta que acercaron al intendente: «Se nos venía el día de apertura y estaban colocando las puertas que se abrían para afuera. Tuvimos que hablar con el intendente pero él nos aseguró que la fiesta se hacía», dijo una de las organizadoras. La situación se vuelve más compleja ya que la provincia y las intendencias son los mayores auspiciantes de la Fiesta, junto con el INT, razón por la que se dudaba que no pudiera solucionarse el requerido dispositivo de seguridad.
De paso por la fiesta, Raúl Brambilla, director del INT, se refirió al trabajo mancomunado en Buenos Aires para «salvar» infinitas salas alternativas que continúan cerradas y sufren grandes pérdidas. Dudan si seguir confiando en la habilitación que pueda darle el próximo inspector o si cerrar y abandonar el sueño de la sala propia. Sin embargo, los comentariosde los teatristas del interior, que viajan asiduamente a Buenos Aires a castings y a ver espectáculos, apuntaban: «He visto obras en Capital Federal en cada sucucho. No es justo que en la Fiesta del Teatro molesten con las habilitaciones». Había otros comentarios similares: «Se quema algo en Buenos Aires y todo el país paga el pato», dijo otra voz, poco responsable por cierto.
Desde Cromañón, siguen trabajando en la ley de emergencia que legisle sobre el terreno sinuoso que es el teatro independiente y ofrezca lineamientos claros a la hora de abrir una sala. Párrafo aparte para los elencos: la entrega y trabajo a pulmón resulta, como siempre, incansable y admirable. Viajan largas horas en micro, a veces hasta más de un día con escalas; llegan, desensillan y comienzan con los ensayos en escenarios que hasta ese momento desconocían.
A la noche algunos ofrecen, con sólo dos horas de sueño, tres funciones seguidas, como el caso de «Shangay», de José María Muscari. Sin embargo, pese al periplo agobiante, se los nota con una excitación similar a la de los egresados que por fin llegan al sur. Y no sólo interpretan sus obras sino que asisten a las devoluciones, seminarios y trabajos de colegas.
Hay expectativa por «Medea», de Santa Fe, «La madonita», de Buenos Aires y «Las fabricantes de tortas», de Tucumán. Hasta ahora logró muy buena repercusión la mencionada obra de Muscari, sobre la separación de una pareja homosexual que discute acerca de la división de bienes, la fidelidad, el sexo y la soledad.
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