16 de enero 2004 - 00:00
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Callejón integra el elenco de «Vengo por el aviso», vodevil de Marc Camoletti (autor de los clásicos «Boeing Boeing» y «Pijamas») que se exhibe en estos momentos en el Teatro Astral, con Rodolfo Ranni y Norma Pons como protagonistas. La pieza cuenta los enredos provocados por cuatro mujeres en una pensión, cuando deciden publicar un aviso clasificado para conseguir -respectivamente- un modelo vivo, un alumno de piano, un inquilino y un amante. La obra se estrenó en 1968, en esa misma sala, y permaneció 5 años en cartel: en aquel entonces la protagonizaban Diana Maggi, Beatriz Taibo, Haydée Padilla y Tincho Zabala.
Periodista: ¿Se cansó de la revista?
María Fernanda Callejón: Estoy muy instalada en la actuación desde hace 5 años y ésa era mi expectativa desde muy joven, cuando dejé Córdoba para venir a Buenos Aires. Mejor digamos que mi carrera se dio al revés. A los quince días de estar acá me llevaron a la calle Corrientes a hacer el personaje de vedette y lo hice durante muchísimos años. Aprendí el oficio, pero mi objetivo siempre fue ser actriz.
M.F.C.: De ninguna forma. No creo tampoco que la revista sea un género menor, ni un género fácil como algunos piensan. Ultimamente las vedettes han sido demasiado vapuleadas, pero por suerte yo no lo viví así. Es una cuestión personal: yo no volvería al género, prefiero desarrollar más la parte actoral. En realidad, sólo hice revista en mis comienzos con Moria Casán y Zulma Faiad. Esa fue mi primera y última experiencia, ya que después los costos de la revista resultaron demasiado altos para la Argentina. Todo lo que lleva la vedette, el pedrerío, los strass, las plumas... son elementos muy costosos. Así que una vez que entró en decadencia se crearon las comedias picarescas.
P.: Su mayor popularidad la ganó con Hugo Sofovich.
M.F.C.: Exacto, yo consolidé mi carrera con sus comedias. Y con él aprendí mucho porque siempre me dio las partes más destacadas o los personajes más agraciados, como son las mucamas. Además de exponer el cuerpo, había que resolver situaciones de vodevil.
P.: ¿Le molestaba el humor machista de algunas comedias?
M.F.C.: Los chistes eran machistas como lo siguen siendo hoy, pero la verdad es que nunca tuve problemas con ningún capocómico; al contrario, aprendí mucho de ellos. Tomé todo con naturalidad y nunca me sentí hostigada o menoscabada como mujer. También creo que Moria Casán contribuyó a reivindicar el lugar de la mujer en la revista. Ella tenía mucho más poder y trayectoria que nosotras para revertir algunas cosas.
P.: ¿Cuando empezó la decadencia de la revista?
M.F.C.: Empezó a perder glamour con el retiro de Nélida Roca, Nélida Lobato y las hermanas Norma y Mimí Pons. Ellas vivieron esa época maravilla en la que las vedettes eran figuras inalcanzables. Después, por una cuestión de bajo costo, se terminó reciclando todo muy mal, y cuando ocurrió eso yo ya no estaba. Puedo decir que disfruté mucho del género, pero prefiero que siga existiendo sin mí.
M.F.C.: Más allá del dinero -que me tentó, no voy a ser hipócritatambién tenía su prestigio aparecer en esa revista. No sólo porque traía artículos muy interesantes sino porque los fotógrafos son de primer nivel. En general la gente no entiende lo que es un desnudo «artístico»; enseguida piensan: «y ésta de qué se las da?». Para mí fue una experiencia artística de verdad. Las producciones eran interesantes y me dejaban opinar un poco sobre lo que yo queríahacer. Por ejemplo, en la última etapa, hice la recreación de los más grandes desnudos que se hicieron en Hollywood, entre ellos los de Sharon Stone y Madonna. Yo era muy joven y en aquel momento me divertía ese exhibicionismo, me gustaba mostrarme. Son etapas que una atraviesa.
P.: ¿En qué momento se sintió realmente actriz?
M.F.C.: Con Jorge Guinzburg en «Peor es nada». Allí hice humor y muchas caracterizaciones. Hice a Vilma de «Los picapiedras» imité a Florencia Peña en «Son de diez», a Perla Santalla en «Más allá del horizonte» y hasta caricaturicé a Zulema Yoma y Zulemita.
P.: ¿Le resulta difícil hacer humor?
M.F.C.: Luis Sandrini tenía una frase muy interesante al respecto: «Para llorar se inventó la cebolla, para reír ninguna verdura», y yo me quedo con eso.
Entrevista de Patricia Espinosa

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