17 de diciembre 2004 - 00:00

Melodrama fallido

«El lugar donde estuvo el paraíso» (Esp.Arg.-Br.-Al., 2001, habl. en español). Dir.: G. Herrero. Guión: J. Goldenberg, sobre novela de C. Franz. Int.: F. Luppi, E. Ballesteros, G. Pauls, P. Gálvez, V. Cosse, G. Brero, C. Victoria.

Desde un nivel teórico, cabe apreciar el interés del director español Gerardo Herrero por ilustrar con imágenes latinoamericanas los riesgos de un amor mal encausado. Se aprecia también el sentido de trilogía de grandes y futiles sueños sudamericanos que en el pensamiento del guionista Jorge Goldenberg conforman «El lugar donde estuvo el paraíso», «Ilona llega con la lluvia» y «El entusiasmo» (estas últimas solo vistas en cable).

Pero desde el simple nivel butaca, lo único que se aprecia es que el rodaje en Iquitos, con semejante calor, debe haberles aplastado la inspiración al guionista, al director y al elenco, que han hecho cosas mejores, por decirlo amablemente, y al director de fotografía, que no engancha uno solo de los hermosos cielos de la región, ni transmite la sensualidad de su clima, tanto sea como para justificar la fama de paraíso terrenal que le atribuyen los lugareños. Y sin embargo la historia era inicialmente atractiva, y lo es incluso al punto de que uno se queda hasta el final, a ver en qué termina, porque hasta daba para melodrama desatado, donde los celos de una chica malcriada echan a perder la fantasía que trabajosamente había ido armando su padre para sentirse bien consigo mismo.

En su orgullo vano, ella no sabía, ni quiso saberlo cuando se lo dijeron, que tiempo atrás el hombre había tocado fondo, y que necesitaba la ilusión de un hogar, y de un puesto clave, así fuera mintiendo a medio mundo, porque la verdad es que él a nadie le importaba, ni tampoco era importante el consulado a su cargo, ahí en ese lugar tan a trasmano, hasta que consiguió una mujer agradecida, que lo bancaba, y se inventó un misterio que lo justificaba. El problema es que ese misterio exigía la argentina cuan peregrina y peligrosa protección de un supuesto piloto rebelde, dueño de posibles datos de interés para la acción antisubversiva, o para la lucha contra el narcotráfico, o para la actividad prostibularia en el Amazonas, vaya uno a saber. Oh, casualidad, del prostíbulo iquiquense salió la ex cantante que ahora es mujer del cónsul, involuntaria enemiga de la hija del cónsul, y escondida cómplice del joven piloto protegido del cónsul. Aunque todo parece medio agarrado de los pelos, esto, como novela de intriga y exotismo, quizás hubiera andado bien.

Hollywood hizo algunas cositas en ese tono. Pero, oh tristeza, ya dijimos que a esta gente la agarró el calor. Entonces termina siendo, desgraciadamente, un melodrama fallido, para colmo con pretensiones de ambientación política en los '80. Hay algunas cosas buenas. Por ejemplo, el modo en que el personaje de Luppi justifica una coima diciendo con elevada piedad «Aquí los servidores públicos son muy pobres». O el modo en que Gianfranco Brero arma su personaje de oficial de prefectura, un militar de oficina, socarrón, buen lector de las ofertas del libro del mes. Pero son mayoría las partes malas, incluso hasta bochornosas, de esas que hasta dan vergüenza ajena. No vale la pena enumerarlas. Acá también hace calor.

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