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23 de enero 2008 - 00:00

"Mi novia Emma"

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Los buenos comediantes Alain Chabat y Charlotte Gainsbourg rodeados por la familia de él (la madre es la cantivante Bernardette Lafont) en la agradable comedia francesa «Mi novia Emma».
«Mi novia Emma» (Prete-moi ta main, Francia, 2006, habl. en francés). Dir.: E. Lartigau. Guión: L. Zeitoun, P. Mechelen, L. Tirard. Int.: A. Chabat, C. Gainsbourg, B. Lafont, K. Lewkowicz, V. Barrault, L. Monot.

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Sorprende que esta agradable comedia francesa haya tardado tanto en estrenarse en la Argentina. Y sorprende, todavía más, que no tenga ya su remake norteamericano. Todo en ella es «americanizable», desde el diseño de personajes hasta el argumento mismo, pero vale la pena verla mientras todavía se llama «Prete-moi ta main» (Préstame la mano, traducido aquí como «Mi novia Emma») y antes de que algún Jim Carrey sustituya al formidable Alain Chabat («El gusto de los otros») quien tuvo, también, la idea original.

Luis (Chabat) es un cuarentón demasiado cómodo entre las faldas de una cautivante idishe mame y media docena de hermanas que se ocupan de alimentarlo y cuidarle la ropa, aunque también son culpables de ridiculizar a la única novia que tuvo la mala idea de presentarles en su juventud (esta parte en un estilo farsesco, que no requiere de actores más jóvenes, sino de los actuales disfrazados). Pero pasó demasiado tiempo y ahora, madre y hermanas, hartas, lo someten a un juicio cuya condena es conseguirse una esposa a la mayor brevedad. Como Luis ahora le tiene fobia al matrimonio -quizás con justa razón, a la vista del gineceo que ahora lo expulsa-, se le ocurre contratar a la desfachatada hermana menor de su mejor amigo (Charlotte Gainsbourg) para que, entrenada por él, seduzca a toda su familia y luego lo abandone en el registro civil. Claro que no todo saldrá como él imaginó y pronto tendrá que concebir otro plan, que le va a salir aún más caro (no sólo por el salario de la mujer que «alquiló»). Más allá de los buenísimos gags a que da lugar el comportamiento de los novios ficticios dentro y fuera del examen familiar, y de la crítica social y hasta de género que subyace bajo el absurdo, este film con algo de estructura teatral le debe su efectividad a los actores. Chabat, Gainsbourg, Gregorie Oestermann (el mejor amigo y cuñado apócrifo), las actrices que hacen de hermanas, y muy especialmente una fascinante Bernardette Lafont, como la matriarca de espléndida belleza otoñal. El mérito, no menor, del director Eric Lartigau es haber mantenido todo el tiempo el encanto que emana del guión, y nunca ser obvio, aun cuando busca hacer llorar al espectador desembozadamente.

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