10 de abril 2001 - 00:00
Mirá quién habla: una obra de culto llega a la escena
-
La Justicia desestimó la demanda por acoso de Blake Lively contra Justin Baldoni
-
Tini Stoessel habló de las causas de su pelea con Emilia Mernes: "No tiene que ver con un embarazo que perdí"
Lía Jelin.
Lía Jelin: Es probable que por ser yo la directora de «Confesiones de mujeres de 30» la gente piense que este espectáculo se le parece. Pero no es así, ésta es una obra de teatro semimontado, algo que está muy de moda en todas partes del mundo. Acá tiene mucho peso la palabra. No hay movimiento. Las actrices están sentadas y lo interesante de esto es que no las resguarda ningún disfraz, actúan a cara descubierta, sin ninguna máscara y hablan sin tapujos. Esto hace mucho más interesante el trabajo y le da otro peso como testimonio.
P.: ¿Por qué este espectáculo provocó tanto revuelo?
L.J.: Lo más interesante es que Eve Ensler lo hizo a partir de una investigación en la que interrogó a muchísimas mujeres sobre su condición e identidad sexual. Reunió testimonios de niñas, de gente muy joven y hasta de mujeres de más de setenta años. Hacía preguntas muy desopilantes como se ve en este diálogo con una nena de seis años. (Toma el libreto y lo lee) «Le pregunté a una niñita de seis años: -¿Si tu vagina se vistiera qué usaría? -Y... una camiseta colorada. -¿Si pudiera hablar que diría? -Violín, tortuga. -¿A qué te recuerda tu vagina? A un durazno y es mío. --¿Qué tiene de especial tu vagina? -Y... que es muy inteligente. -¿A qué huele tu vagina? -A copos de nieve.
Sin cambios
P.: ¿Hizo algún cambio sustancial en el guión original?
L.J.: No. Están todos los personajes, incluso la prostituta que cuando empecé con el proyecto estaba muy en duda. Es un monólogo muy fuerte. Pero también muy divertido.
P.: ¿Se refiere a que puede resultar algo grosero?
L.J.: No es que se digan groserías. Las únicas malas palabras que se escuchan en la obra son las que dice «la vagina enojada» que está harta de los desquiciados que le quieren vender desodorantes que arden, tampones secos y ese tipo de cosas. Volviendo al personaje de la prostituta, ella antes trabajaba de abogada, así que tiene buen vocabulario. Pero cuenta que un día descubre que los gemidos de las mujeres la excitaban más profundamente. Ensler brinda un panorama muy amplio. No se limita a una clase social, ni a una identidad sexual ni a un modelo localista. Ella habla en general de cómo las mujeres no se valoran a sí mismas e ignoran que el núcleo de su fuerza está en su clítoris.
P.: Es como una clase de educación sexual.
L.J.: Es mucho más que eso. Además todos los monólogos están llenos de humor, excepto el de la mujer bosnia que fue violada en la guerra y los recuerdos de una chica abusada por parientes.
P.: ¿Por qué se demoró tanto este estreno?
L.J.: A mí me la ofrecieron hace dos años y pensé hacerla con Norma Aleandro, porque en sus comienzos la obra era un unipersonal. Pero cuando se la ofrecí, ella dudó mucho en hacerla y al poco tiempo la compró Kompel. El decidió seguir el nuevo esquema de cambiar de actrices cada mes.
P.: ¿Cree que el público porteño está dispuesto a escuchar 128 veces la palabra «vagina»?
L.J.: Uy, ya me advirtieron que en Estados Unidos la autora tuvo problemas hasta con los dueños del teatro, no querían poner la palabra «vagina» en la marquesina. Pero después cuando llamaba alguna señora pidiendo entradas «para los monólogos» el mismo boletero le insistía: «Vamos señora diga el nombre completo». En la obra hay un chiste muy lindo al respecto. Alguien comenta que la palabra «vagina» suena a instrumento quirúrgico: «Rápido, enfermera, alcánceme la vagina».
P.: ¿Qué actrices fueron invitadas a participar?
L.J.: Mercedes Morán, Bettiana Blum, Ana María Picchio, Leonor Manso, Virginia Innocentti, Cipe Lincovsky, Alicia Bruzzo, Paola Krum. También tenemos en vista a periodistas como Magdalena Ruiz Guiñazú y Betty Elizalde además de mujeres de la política y el deporte.
P.: ¿Y qué pasa si sube a escena una deportista de escasa expresividad, por ejemplo?
L.J.: Lógicamente vamos a tener en cuenta el grado de histrionismo de cada intérprete. Hay dos o tres textos ideales que se pueden dar a una persona que no es actriz.
P.: ¿Y al público masculino le puede interesar todo esto?
L.J.: Pienso que sí. Yo ya tengo la puesta armada, pero no con las actrices definitivas, y en algunas de las pasadas que hicimos asistieron varios hombres y fue muy interesante su reacción. El fotógrafo, por ejemplo, salió bastante perturbado, diciendo que ahora se sentía un ignorante en materia de sexualidad femenina.




Dejá tu comentario