No hay cinematografía importante que no haya tenido su propia versión de la obra de En la era de
Cuando el prisionero Dantès regresa de su largo encierro en la cárcel de If convertido en el Conde de Montecristo, sin maquillaje que modifique su rostro más allá del paso del tiempo (que, a juzgar por la apariencia, no es mucho), nadie lo reconoce en principio. Ni siquiera su archirrival Fernando, interpretado por
Dejá tu comentario