El artista venezolano que murió ayer en París, revolucionó el arte con sus famosas «Estructuras cinéticas», obras, que a través de trucos ópticos, dan sensación de movimiento.
Autor de un mundo donde el arte se mueve y atrapa irresistiblemente al espectador, el artista venezolano Jesús Soto murió ayer en París, a los 81 años. Pintor y escultor por excelencia, Soto nació en la ciudad de Bolívar el 5 de junio de 1923. En 1942 ingresó a la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, donde permaneció durante casi una década, realizó sus estudios y comenzó a pintar una incipiente geometrización. Luego de dirigir la escuela de Maracaibo durante un breve tiempo, en 1950 se radicó en París, donde vivió y trabajó hasta su muerte. Allí en 1953, empezó a elaborar obras en series, reiterando las imágenes, abriendo el camino que lo llevaría hasta sus célebres «Estructuras Cinéticas», donde incorpora -a través de trucos ópticos-, la sensación de movimiento. Se trata de obras en las que espirales trazadas sobre plexiglás, se mecen sobre el soporte de madera.
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Luego, través de rayas, puntos y vibraciones cromáticas, convierte sus abstracciones en objetos mecánicos, logrando así movimiento ópticos. De este modo, sus obras geométricas alcanzan un nueva profundidad: la cuarta dimensión que los pintores habían anhelado encontrar durante siglos.
Entre 1956 y 1958, durante el período que los expertos en su obra denominan «barroco», se dedica a construir objetos interactivos en los que pueda ingresar el espectador, los «Penetrables», como el que hasta el año pasado y desde casi su fundación atrapó el interés de niños y adultos en la entrada del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
• Premios
En 1960, recibió el Premio Nacional de Pintura en el XXI Salón Oficial del Arte Venezolano, y cuatro años después el Premio David Bright en la Bienal de Venecia, entre otros reconocimientos en Francia, Argentina, Brasil, Puerto Rico, Holanda, Reino Unido, Italia y otros países y ciudades de América y Europa.
Con su inmaculada plasticidad, su dinamismo y su talento para poner el arte en movimiento, Soto ha ganado un espacio entre los grandes artistas que configuran la historia del arte latinoamericano. Ana Martínez Quijano
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