20 de diciembre 2004 - 00:00

Murió la última de las divas, Renata Tebaldi

Renata Tebaldi fue la reina indiscutida de la Scala de Milán hasta la llegada de María Callas, con quien sostuvo una rivalidad que también dividió al público.
Renata Tebaldi fue la reina indiscutida de la Scala de Milán hasta la llegada de María Callas, con quien sostuvo una rivalidad que también dividió al público.
Roma (ANSA, EFE, AFP) - Renata Tebaldi, una de las más grandes sopranos del siglo XX y eterna rival de Maria Callas, murió ayer a los 82 años de edad en su casa de San Marino. Su muerte cierra el ciclo de una generación de divas que desde el siglo XIX se transformaban en diosas de la escena.

Nacida el 1 de febrero de 1922 en Pesaro, su fuerte eran las heroínas verdianas y las del verismo, ayudada por un físico imponente y una voz que, aunque «celestial», como la definían sus incondicional (lógicamente, enemigos de la Callas) podía alcanzar la potencia que exigen estas partituras. Tebaldi estudió canto en los conservatorios de Parma y Pesaro y debutó en 1944 en Rovigo, interpretando el secundario de Elena de Troya en el « Mefistofele» de Arrigo Boito.

En 1946 era ya tan famosa como para participar, en el semiderruído teatro Alla Scala de Milán, en el legendario concierto dirigido por Arturo Toscanini, que marcó el retorno de la normalidad cultural en Italia después de la guerra. Reina de la Scala hasta la llegada de la Callas, Tebaldi cantó las principales heroínas del teatro verdiano y pucciniano en una época en la que el repertorio se limitaba casi exclusivamente a los últimos 120 años de la lírica, acompañada muchas veces por los tenores Franco Corelli y Mario del Monaco, con los que formó dos de las parejas más amadas por los melómanos.

Fue Aida (su grabación con Herbert von Karajan es canónica), Violetta Valéry en «La Traviata», Desdemona en «Otelo» (lo consideraba el personaje más adecuado a su temperamento), Juana de Arco, Leonora en «La fuerza del destino», Elisabetta en «Don Carlo» de Verdi y sobre todo Mimí en «La Bohème», Manon Lescaut, Cio-cio San en «Madama Butterfly» y Tosca de Puccini.

También fueron suyos los papeles centrales de «La Gioconda» de Amilcare Poncielli, «La Wally» de Alfredo Catalani, Maddalena en «Andrea Chenier» de Umberto Giordano, todos personajes que amaba apasionadamente y con los que coincidía a veces con su rival Callas, lo que provocaba tremendos conflictos (a causa del carácter de la soprano griega) y de los que pagaban los platos rotos los empresarios de todo el mundo. En una oportunidad, Callas dijo en un reportaje (sin mencionarla) que era imposible compararsu voz con la de ella: «seríacomo comparar el champagne con la Coca Cola». Desde luego, los fans de la Tebaldi se enfurecieron más aun, y abuchearon a la griega con más desprecio luego de esa declaración.

Tebaldi
, para evitar esa confrontación cada vez más desagradable, empezó a viajar sobre todo al Metropolitan de Nueva York, donde el zar Rudolf Bing prefería la plácida y humilde soprano italiana, que no le traía problemas y cantaba como un reloj, a la caprichosa e irascible cantante griega. Previamente, su debut en los Estados Unidos había sido en la ópera de San Francisco. Su primera presentación en el Colón de Buenos Aires data de 1951 pero para esa fecha ya había cantado en los principales teatros del mundo.

Tebaldi
fue siempre una defensora del canto puro que no «ensuciaba» con los tonos sombríos con los que la Callas solía subrayar los momentos más dramáticos de la partitura. Mantuvo su voz hasta mediados de la década del setenta, cuando una imprevista crisis de las cuerdas vocales la obligó a retirarse de la escena y a volver a la Scala solo como espectadora, infaltable en todas las inauguraciones.

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