1 de octubre 2019 - 00:01

Murió a los 74 Jessye Norman, soprano relevante del siglo XX

A fines de los 60, en un mundo aún segregacionista, saltó a la fama en Berlín con una interpretación de Wagner. Desafortunadamente, su relación con Buenos Aires fue escasa: sólo 2 recitales en los años 70.

Jessye Norman. Se apagó una de las mayores voces de la ópera.
Jessye Norman. Se apagó una de las mayores voces de la ópera.

La legendaria cantante de ópera estadounidense Jessye Norman murió ayer a los 74 años, según informó su familia en un comunicado. La gran soprano, una de las voces más brillantes durante la segunda mitad del siglo XX, murió debido a un shock séptico y a una falla multiorgánica, resultado de complicaciones de una lesión de la médula espinal sufrida en 2015, según el comunicado familiar que difundió la AFP.

Norman fue una artista excepcional, una de las pocas intérpretes afroamericanas que ganó fama y prestigio mundial en el mundo de la ópera aun durante tiempos de discriminación racial. Nacida el 15 de septiembre de 1945, en Augusta, Georgia, una ciudad segregacionista. Perteneciente a una familia de tradición musical donde también hubo otros cantantes y pianistas, Jessye creció cantando gospels y música religiosa en una iglesia. Obtuvo poco después una beca en la Universidad Howard de Washington, D. C. (tradicionalmente de estudiantes negros), para estudiar música, y más tarde en el Conservatorio Peabody en la Universidad de Michigan.

Su debut operístico fue en 1969 en el ”Tannhäuser” de Wagner, en Berlin, y su carrera continuó a pasos agitantados en escenarios de Milan, Londres y Nueva York. No tardó en extender su repertorio a las óperas en italiano y francés, y entre sus caballitos de batalla en La Scala y la Metropolitan Opera House de Nueva York se contaron siempre “Carmen”, “Aida” y “Tosca”, títulos de los que dejó excelentes registros discográficos. Paralelamente continuó cantado Wagner, pero su repertorio nunca se limitó a la lírica ya que abordó regularmente jazz, en especial obras de Duke Ellington y otros compositores clásicos de este género. En el género sinfónico vocal se destacan sus grabaciones de lieder con orquesta de Mahler, Strauss, Berlioz, Ravel, Berg y Schoenberg.

Norman y la Argentina

Su relación con la Argentina fue, desgraciadamente, pobre y accidentada. En el Teatro Colón se presentó una única vez, en 1974, ante poco público; todavía no era la estrella mundial en la que se convirtió más tarde. Fue un recital de arias, no una ópera completa, y estuvo acompañada al piano por Dalton Baldwin.

Dos años más tarde fue invitada por el Mozarteum Argentino para otro recital, esta vez en el Teatro Coliseo, nuevamente junto a Baldwin, y entonces se produjo algo inimaginable. Mientras cantaba un aria apareció un gato en escena y allí todo el mundo se enteró de que ella era alérgica a esas mascotas. Abandonó la escena en medio de gritos y costó mucho convencerla para que reanudara el recital. Nunca más volvió, y los más maliciosos le atribuyen esa negativa al desafortunado episodio con el gato.

En 1997, a los 52 años, Norman fue la persona más joven en ganar el Kennedy Center Honor. También recibió la National Medal of Arts de manos del presidente Barack Obama, y obtuvo doctorados honorarios de una gran cantidad de universidades, entre ellas Juilliard, Harvard y Yale. Era miembor de la British Royal Academy of Music y el Georgia Music Hall of Fame. Francia la distinguió como comandante de la Orden de las Artes y las Letras.

A lo largo de su carrera recibió 15 nominaciones a los premios Grammy, y obtuvo el primero en 1985 como “Mejos solista en grabación lírica” por su álbum “Songs of Maurice Ravel”. En 2006 recibió un Grammy a la trayectoria.

Entre sus actuaciones públicas más resonantes se destaca, en primer lugar, cuando cantó en servicio en memoria de las víctimas en el World Trade Center poco después de los atentados del 11 de septiembre, en el que se revelaron las dos columnas de luz que iluminan el cielo del bajo Manhattan cada año. En 2003, fundó una escuela que lleva su nombre para estudiantes desfavorecidos y en 2014 publicó sus memorias bajo el título “Ponte de pie y canta”.

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