17 de enero 2005 - 00:00
"No cualquiera vive intensamente 86 años"
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Exiliado en Suecia desde hace 45 años («porque no me sentía libre de tocar la música que me diera la gana»), la actuación en Lapataia fue la primera de Bebo Valdés en el Cono Sur.
Periodista: Pese a los muchos años que lleva fuera de Cuba, su música sigue reflejando el espíritu sonoro de la isla. ¿Siente nostalgia de su país?
Bebo Valdés: Tengo nostalgia, por supuesto, como la tiene cualquiera. Pero no soporto a los dictadores, ni de derecha ni de izquierda. No me gustan los privilegios; nadie es mejor que nadie. Y me gusta que los cambios lleguen sin violencia; allí tenemos los ejemplos de Mahatma Gandhi y Nelson Mandela, que vencieron al imperio británico sin tirar un tiro. El amor siempre es más valioso que las balas. Pero no soy vengativo; creo que la venganza no conduce sino a más venganza.Yo prefiero buscar el amor en mi mujer, en mis hijos, en mis amigos.Todo lo que yo pueda ser como músico, se lo debo al pueblo de Cuba y no a los políticos.
P.: ¿Y le gusta vivir en Suecia?
B.V.: Mire. Yo me fui de Cuba hace 45 años, cuando dejé de sentirme libre para tocar la música que me diera la gana y debía rendir cuenta hasta de mi repertorio ante los comisarios políticos. Llegué a Suecia, donde me dieron asilo político. Allí conocí a una niña de 18 años -yo ya tenía 44- que era admiradora mía; Rose Marie iba a escucharme a un parque de diversiones donde yo tocaba. Y bueno, como dice el dicho, «un par de tetas tiran más que una yunta de bueyes». Hace ya 41 años que estamos juntos; tenemos dos hijas que se suman a los cinco hijos que yo ya tenía en Cuba con otras dos esposas anteriores.
P.: ¿Después de tantos años con la música, cómo vive, esta nueva popularidad que le ha dado el disco de «Bebo & Cigala»?
Bebo Valdés: En mi vida he esperado esto. Y menos lo esperaba a mi edad. Me está resultando difícil cumplir con las expectativas porque hay que viajar mucho; por eso, por ejemplo, a BuenosAires fue mi hijo Chucho en lugar mío a presentar el disco con El Cigala. Pero por supuesto que me hace feliz sentir lo que está sucediendo.
P.: Cuéntenos la historia del encuentro con El Cigala que culminó en ese disco.
B.V.: Fue a través de Fernando Trueba, con quien antes había trabajado para la película «Calle 54». El vino a verme a Estocolmo, donde vivo. Hicimos «Lágrimas negras»
P.: El disco tiene una frescura que parece haber sido grabado de primera toma. ¿Fue así?
B.V.: La verdad es que no hicimos muchas pruebas. Yo fui buscando cosas en el piano y Diego se fue acoplando. Mi idea era que ni él ni yo nos quedáramos apegados a nuestros orígenes. Recuerdo que le dije: «tú no seas gitano que yo no voy a ser un negro de Cuba». Creo que la unión ha sido muy interesante.
P.: ¿Hay proyecto para un segundo disco con él?
B.V.: Después de ese disco, yo he grabado con el violinista Federico Britos, un uruguayo que vive en Miami; un trabajo hermoso que no ha tenido tanta difusión. Y claro que hay planes para hacer un segundo disco con Diego, aunque eso ya no depende ni de él ni de mí, sino de un acuerdo entre representantes y empresarios discográficos.
P.: ¿Qué espera para los próximos años de su vida?
B.V.: A mi edad, el futuro es ayer, así que no hago muchos planes; si tuviera 20 claro que todo sería diferente. Quiero escribir música y tocar hasta el día en que me muera; a la vez soy consciente de que tengo 86 años vividos intensamente, algo que no cualquiera puede decir. Sólo quiero morirme sin sufrir; y entonces, cuando me muera, quiero que den una fiesta.
R.S.




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