7 de junio 2001 - 00:00
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"Los Nocheros".
K.T.: Los que dicen eso es porque no conocen el folklore. Creen que es solamente una guitarra y un bombo, algo improvisado; y no aceptan cuando uno presenta el folklore de manera más prolija, con un criterio más estético. Pero eso ocurre más en la Capital que en el interior.
M.T.: En realidad, siempre hemos cantado en guitarreadas temas que tienen 50 o 60 años. Pero nos gusta mezclar esas canciones con otras nuevas. No hay dos cabezas. Somos así, nos gustan por igual una zamba y una chacarera que una buena balada.
K.T.: Esa heterogeneidad está más en algunos críticos que en nosotros. Lo que pasa es que algunos escuchan jazz todo el día y después pretenden analizar lo que hacemos nosotros con ese criterio.
Rubén Ehizaguirre: A nadie le llama la atención si un rockero canta una balada o si un músico de cumbia villera interpreta una canción romántica. Pero cuando lo hacemos nosotros, o cualquier artista de folklore, lo ven mal.
M.T.: Eso es muy viejo en el folklore. Los Cantores del Alba, de cuya autenticidad nadie dudaría, hacían dos discos al año, uno de zambas y chacareras y otro de valses y serenatas. Los de Salta, lo mismo; reparten sus discos mitad y mitad. Pero también hay canciones muy románticas de Dávalos, Falú, Castilla, el Cuchi Leguizamón...
P.: Ustedes, sin embargo, trabajan más lo erótico que lo romántico.
K.T.: Nosotros utilizamos los códigos de ahora; eso es lo que ha cambiado.
M.T.: Quizás de acá a 20 años nos van a ver a nosotros como algo viejo; quizás hasta como folklore tradicional.
P.: ¿Qué sensación les produce que los incluyan dentro del «folklore joven» y qué opinan de sus colegas en este rubro?
M.T.: El folklore es uno solo. El tiempo dirá qué queda y qué fue un invento. Hoy nadie discute a Guarany o a Los Chalchaleros. Nuestra ilusión es alcanzar un lugar así; para eso trabajamos.
K.T.: Hay gente muy valiosa que a lo mejor tiene menos prensa que otra. Músicos como el Chaqueño Palavecino, o los hermanos Ariel y Néstor Acuña, por ejemplo, son maravillosos.
M.T.: El único juez es el tiempo. Así se verá quién aguanta y quién no. Nosotros tenemos ahora mucho éxito, pero hace 15 años que estamos trabajando, buscando un lenguaje propio. Y quién sabe si en el futuro no nos vuelven a agarrar ganas de volver a tocar con dos guitarras y un bombo.
P.: ¿No sienten que han perdido parte de su autenticidad a partir del éxito?
K.T.: No, porque nunca fuimos mediáticos. Siempre hemos evitado la sobreexposición. Hay gente que aparece todo el tiempo en televisión y entonces el público empieza a dudar de que sea algo auténtico.
P.: ¿No tienen presiones para mantener un ritmo de ventas?
Jorge Rojas: Lo nuestro es cantar. Y eso tratamos de hacerlo lo mejor posible. Buscar buenas canciones, que nos gusten.
K.T.: Está claro que si nos dijeran que para vender más tenemos que grabar en inglés, no lo haríamos. Pero nuestra única presión es la preocupación por cantar bien.
P.: ¿Y no hay también una presión del propio ego para mantener esa enorme admiración de la gente?
M.T.: Somos bastante tranquilos. Afortunadamente no se ha dado vuelta ningún tornillo y quizás en eso tenga que ver que ya no somos tan jóvenes. Lo que pasa es que parte de la industria discográfica ha creado mucha confusión en algunos jóvenes. Piensan que porque alguien tiene un lindo tema ya es algo valioso. Y no le dan tiempo a los artistas a crecer, a que se desarrollen. Cualquier grupo debería tener la posibilidad de trabajar 5 o 6 años en un proyecto antes de empezar a mostrarse. Cuando nosotros hicimos nuestro primer disco, ya llevábamos ese tiempo e, inclusive, habíamos hecho dos casetes que, vistos desde ahora, son como demos de lo que vendría después.
P.: ¿Qué diferencia tiene el nuevo disco en relación con los anteriores?
R.I.: No hay nada inventado ni nada muy especial. Simplemente, y nada menos, hay buenas canciones y el clásico sonido de Los Nocheros. Lo demás está sobreentendido.
P.: ¿Eligieron La Vieja Usina de Córdoba para iniciar las presentaciones de su nuevo álbum por alguna razón especial?
M.T.: No. La verdad es que la idea era empezar en Buenos Aires y seguir después por todo el interior. Pero empezamos en Córdoba, donde estaremos hasta el 10 de junio, simplemente por una cuestión organizativa. Y Buenos Aires quedará para setiembre.


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