Un ejemplo
extremo del
bioarte: Steven
Kurtz, bioartista
y profesor de la
Universidad de
Nueva York, fue
procesado por
sacar
ilegalmente de
su laboratorio y
transportar
cultivos de
bacterias
letales.
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Los taumaturgos del bioarte no necesitan mármol, telas o pintura para verter su sensibilidad y talento. Tampoco recurren a los objetos cotidianos o de la cultura industrial, como hizo el arte pop, ni precisan de exploración artística del conocimiento científico y de las tecnologías biológicas en particular. Está ubicado en la Escuela de Anatomía Humana y Biología. En su página de internet ponen énfasis en que el rápido desarrollo de las ciencias biológicas está teniendo un efecto muy profundo en la sociedad y sus valores. Por ello contemplan el bioarte como un instrumento muy útil de reflexión crítica y de interacción entre arte, sociedad, ciencia e industria.
Así como los pintores impresionistas se vieron influidos por los progresos de la óptica, toda una generación de artistas contemporáneos aprovecha las inmensas posibilidades que les dan las herramientas de la biotecnología.
Numerosas universidades promueven el bioarte como una faceta paralela y complementaria a su investigación y docencia. Lo hacen, por ejemplo, la prestigiosa Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, o el mítico Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde ha trabajado durante años, como investigador asociado y sin remuneración
En Estados Unidos ha dado mucho que hablar el caso del bioartista y profesor de la Universidad Estatal de Nueva York
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