27 de diciembre 2004 - 00:00

"Nunca seremos como en los avisos de TV"

Alex de la Iglesia (der.) recibe de manos del vicepresidente del INCAA, Jorge Alvarez, un reconocimiento del Festival de Pinamar.
Alex de la Iglesia (der.) recibe de manos del vicepresidente del INCAA, Jorge Alvarez, un reconocimiento del Festival de Pinamar.
Mucha gente se alegra la vida viendo películas de Alex de la Iglesia («La comunidad», «El día de la bestia»). Pero él insiste en que lo suyo no tiene nada de divertido. «Me planteo cada obra como una tragedia. Pero lo que a mí me duele, me causa un sufrimiento horroroso, hace gracia. Es como en 'Muertos de risa', que se matan de odio y la gente se ríe. Yo no podía entenderlo, hasta que me dije 'Esto puede ser positivo'. Y desde entonces vendo mi dolor».

El diálogo, luego de la presentación de «El crimen ferpecto» en el Festival de Pinamar, donde, como era de prever, la gente se rió con el desesperante drama de un ambicioso vendedor de grandes tiendas, y con su ácida visión del consumismo.

Periodista
: ¿Por qué ese título que confunde máquinas y correctores?

Alex de la Iglesia: Porque ya desde el vamos nada nos sale bien, y porque ya lo decía otro más gordo que yo, Obelix: «¡Ferpectamente!». Y es que me gustan más Obelix, o el capitán Haddock, que por empezar es alcohólico, que los buenos o los perfectos. Pero el título original no iba a ser ese sino «La tragedia de un hombre elegante», como un saludo al film de Bernardo Bertolucci «La tragedia de un hombre ridículo», porque ya querer ser elegante es algo ridículo. Nunca seremos como en los anuncios. De alguna manera nuestra vida es un fracaso, sea porque yo nunca voy a encajar, a ser eso que otros quieren, y sufro un huevo porque voy a decepcionarlos, o porque uno está bien, pero siempre tendrá a alguien que lo arruine todo. Y no puede decir, por ejemplo, «todo está muy bien pero quiten a mi madre, que no encaja en el comercial de mi vida».


P.:
¿Es cierto que pensó en Ricardo Darin para esta película?

A. de la I.: Sí, pero justo estaba por rodar «Luna de Avellaneda». No sé cómo es vuestro Darín. El que amamos los españoles es ese argentino seductor, de mirada levemente cínica, que parece que te toma el pelo cuando te habla, y es que realmente te toma el pelo cuando te habla, pero a ti te encanta. En cambio el aspecto seductor de Willy, Guillermo Toledo, es más hortera. El interpreta al típico sinvergüenza español, el medio pelo con pretensiones a la manera europea, como el inglés de «Alfie» (la primera versión, la buena). Por eso también empieza hablándole al espectador, para convencerlo de su atractivo. Y va muy bien con el personaje de Mónica Cervera, esa vendedora llamada Lourdes que, como yo, no ha encajado en nada, y de pronto ve la posibilidad de colarse en la fiesta, aunque sea descuartizando y chantajeando.


P.:
Ninguno es bueno, pero ella es terrible, y hasta parece ganar la partida.

A. de la I.: La fuerza de una historia surge cuanto más igualados están el protagonista y su antagonista. Y protagonista es quien sufre, esa es la definición que dan los libros de arte dramático. Además, Mónica Cervera es un hallazgo, es como la trinitroglicerina, que puede hacerle bien a la humanidad, pero hay que manejar con mucho cuidado, porque, como Lourdes, es muy peligrosa.


P.:
¿Por qué la ambientación en un shopping?

A. de la I.: Porque hoy los centros comerciales simbolizan lo máximo. Antes cada domingo íbamos a la iglesia, ahora vamos a un centro comercial. Son templos, son paraísos absolutos. ¿Por qué no tienen ventanas? Para que no sentir el paso del tiempo. Y para que vea cada objeto perfectamente iluminado, sonorizado (esa música de ascensor, sin altos ni bajos). No lo digo de una manera excéntrica, ni atea. Al contrario. Me digo «Aquí está el bien», o sea el televisor de plasma, y el placer dionisíaco de los platos recalentados, que pruebas uno y dices «está asqueroso, pero mira qué bonito».

P.: ¿Siempre tuvo esa visión sarcástica de la vida?

A. de la I.: Pues sí, es verdad. Me gustaría ser como Frank Capra, el de las lindas fábulas americanas. No sé si mentía. Pienso que de veras creía en sus propios mensajes de «¡Qué bello es vivir!» y todo eso. Yo bien quisiera decir lo mismo. En cambio me sale «Hola, estoy gordo, no hago el amor lo suficiente, no entiendo los libros que me dicen que debería leer, los únicos dos que entendí ahora me parecen una estupidez, y las ideas para que el mundo mejore, o son un cuento infantil, o una pesadilla». No hay justicia ni orden en mi vida, ni en el mundo. Todo es un caos, y lo único que podemos hacer es reírnos.


P.:
¿Sólo podemos reírnos?

A. de la I.: Si nos dejan. Porque es como que quiero despedirme yendo a una fiesta,-y ya son las siete, y voy a morirme a las nueve, pero en la puerta se me cruza una señora, me empieza a hablar, de los chicos que van a colegio, de una prima suya que ni conozco, no sé, y pasa el tiempo, sigo sin entrar a la fiesta, y siento las risas que vienen de adentro... En todo caso, no puedo reírme del dolor ajeno, como los políticos. Yo sólo puedo reírme de mi propio dolor, con quienes sienten lo mismo que yo.


P.:
Mencionó a Capra. Su «...crimen ferpecto» también menciona, aunque de modo irónico, algo de ese cine americano todo colorido y feliz de los '50.

A. de la I.: La relación que uno tiene con el cine americano es como la que se tiene con el padre. Pero no solo el cine de los '50. John Ford, Howard Hawks, Georges Cukor, los amo y respeto hasta un nivel que me da vergüenza. Pero no puedo imitarlos. Porque, lo mismo que me pasa con mi padre, he tenido otro tipo de vivencias. Por eso también pongo una película de Luis Buñuel. Y amo y respeto a García Berlanga, el gran maestro, a Fernando Fernán Gómez, gran actor que como director sigue desconocido, y eso que está a la altura de Billy Wilder (vean «El crimen imperfecto-», «El extraño viaje»), y al italiano Marco Ferreri en su etapa española, cuando hizo «El cochecito» y «El pisito».


P.:
¿Piensa seguir en esa línea? ¿Cuál es su próximo proyecto?

A. de la I.: Huir. Luego, tengo una comedia de caníbales, el thriller de un complot universal, una de vampiros, aunque todas las de vampiros están saliendo malas, como «Van Helsing». Esa sí que es «el sueño de un idiota en medio de una tempestad de ruido y de furia», por decir algo de Shakespeare.Y también tengo un proyecto de coproducción con Argentina, «La pirámide». Pero no puedo contar nada. Es como si contara «El candidato de Manchuria», se descojona todo. Igual, cualquier idea que presento, el productor me dice «ni de coña», porque le sale caro, como el incendio final de «El crimen ferpecto» en los grandes almacenes. De hecho, evitamos mencionar la escena, en las conversaciones con los dueños del local, que tenían las oficinas justo arriba. Pero no llegó a caerse el techo. Sólo que los bomberos salieron corriendo a la primera toma. Bomberos de toda la vida.


Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario

Te puede interesar