Lamentablemente, esta disparatada sucesión de cuadros termina desarticulando el desarrollo de la obra. Por más que el trabajo actoral refleje un gran compromiso, la puesta denota varias fallas de dramaturgia que tal vez podrían ser subsanadas desde la dirección. Es como si los comentarios y ocurrencias que lanzan los personajes, más sus abruptos cambios de tono o de registro dramático, hubieran quedado detenidos en una primera etapa de improvisación. Por ejemplo, el personaje del indio es apenas un boceto cómico, mientras que la conflictiva relación homosexual de Esto no quita que la obra funcione como una provocativa alegoría de nuestro país con su permanente tendencia hacia la barbarie, el olvido y la disolución. Por eso vale la pena destacar la escena en que se juega al truco como uno de los momentos más intensos y efectivos de la puesta.
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