6 de abril 2006 - 00:00

Orquesta escocesa abrió con brillo ciclo del Mozarteum

Orquesta Sinfónica de la BBC de Escocia. Dir.: Ilan Volkov. Programa: obras de Stravinsky, Britten y Mahler. Solista: B. Hannigan (soprano). (Teatro Colón). 3 de abril.

El Mozarteum Argentino comenzó su nueva temporada con la presentación de la Orquesta Sinfónica de BBC de Escocia, con la dirección de su titular, el maestro israelí Ilan Volkov. Formado en 1935, el organismo es uno de los más importantes de Gran Bretaña. La calidad de sus instrumentistas se evidenció en el primer concierto ofrecido en el Colón, para el cual se preparó un menú exigente y nada convencional que incluyó creaciones de Igor Stravinsky (suite de «El beso del hada») y de Benjamin Britten («Les Illuminations», ciclo de canciones del op. 18) en la primera parte, y Gustav Mahler («Sinfonía N° 4», en Sol Mayor) en la segunda.

El refinado poder colorístico de los distintos sectores de la orquesta quedó demostrado desde el inicio mismo del concierto, durante la interpretación de la obra de Stravinsky. Creada por un encargo hecho al músico por la bailarina Ida Rubinstein (la misma que encomendó a Ravel la composición del «Bolero»), la partitura se inspiró en Tchaikovsky, a quien Stravinsky admiraba, y del que tomó algunos momentos para «El beso del hada».

La rítmica contrapuesta y la riqueza tímbrica de la obra tuvo su exacta correspondencia en la mediación de la orquesta escocesa y su director, de gesto preciso y sobrio, que logró no sólo una lectura límpida y de bella sonoridad sino también una visión global de la intención que guió al autor, es decir, reproducir de alguna manera el universo feérico del músico de «Cascanueces».

En la misma primera parte dedicada al siglo XX, las extraordinarias cuerdas de la BBC acompañaron con sensualidad el vocalismo exquisito de la soprano canadiense Barbara Hannigan, una virtuosa que supo exponer con delicadeza la poesía de Arthur Rimbaud convertida por Britten en un cosmos lírico de rara filigrana que salta de canción en canción, diseñando un arco de gran intensidad, para las nueve instancias que componen el ciclo.

Volkov demostró toda su pericia en la administración de disciplina totalizadora al exponer con sus músicos la sinfonía de Mahler, quizá una de las más bellas de las que el autor haya compuesto. La prestancia de los aerófonos, la tersura de las cuerdas y la precisión de la percusión fue dada de manera absoluta en los cuatro movimientos de la obra. Hannigan agregó una instancia más de su calidad vocal en el último movimiento (un lied titulado «Sehr Behaglich») con el que concluye la obra mahleriana, música luminosa y de profunda filosofía.

Los aplausos para el director y organismo no se hicieron esperar. Fue entonces donde se volvió a poner de manifiesto la perfección del conjunto a través de la ejecución de la obertura de «Beatriz y Benedicto», de Hector Berlioz. La despedida vino con una danza escocesa energética y vital que los músicos tocaron con entusiasmo, solos, ya sin Volkov, quien después de marcar la entrada los dejó con su música nacional sin intervenir desde el podio. El público no quiso abandonar la sala hasta que el último de los músicos se retiró del escenario.

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