La etapa solista de Adrián
Otero (hoy Otero a secas)
todavía no encuentra su
público; además, su
repertorio se parece
demasiado al último
tiempo, menos interesante,
de su ex grupo Memphis la
Blusera.
Presentación de «Imán». Actuación de Otero (voz). Con G. Wiedemer (teclados, dir. musical), M. Muir, S. Furmanski (guitarras), M. Mira (batería), D. Castro (bajo), L. Janín (saxo) y J. Mokdad (percusión). (La Trastienda, 1 y 2 de agosto.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La instalación como solista de Adrián Otero u «Otero» a secas, como ha decidido rebautizarse-no será tarea sencilla. Al menos, si se toma en cuenta la poco nutrida convocatoria que tuvo el debut en La Trastienda (aún con la opción de recibir el CD como regalo con el precio de la entrada). Pero, aparentemente, el asunto lo tiene sin cuidado a este autor y cantante que durante 30 años fue la cara más visible de Memphis la Blusera.
Según él mismo declara, irse del grupo fue una necesidad terapéutica y una elección imprescindible para romper con la dependencia del alcohol y la cocaína. Y este nuevo camino solista aparentemente le sienta, aunque con más de 50 años deba volver a remar desde la orilla para reorganizar su circuito artístico y laboral.
En el terreno artístico, lo de este Otero de hoy tiene mucha relación con los últimos tiempos de Memphis, cuando ya no existía en la banda aquella mística blusera que la caracterizó en sus comienzos. El pop se había adueñado del proyecto y, con eso, el lenguaje del grupo se fue haciendo menos personal e interesante.
Otero fue una pieza fundamental de Memphis -de hecho, es uno de los tres dueños de la «marca», junto al bajista y compositor Daniel «el Ruso» Beiserman y el saxofonista Emilio Villanueva, con quienes no quedó en buenos términos-; y está claro que sigue buscando musicalmente por esos caminos. Lo que sí tiene de particular su nuevo momento en solitario es que las canciones que hizo para el disco -con músicas de su tecladista y director Germán Wiedemer- tienden al optimismo y reiteran, de modo más o menos solapado,el momento personal de recuperación de las adicciones por el que está pasando.
Lo que hizo Otero en La Trastienda tuvo todos estos elementos: mezcló el material de «Imán» con clásicos de Memphis, se acompañó de una banda pop de músicos jóvenes que no dio con el espíritu del blues ni del rythm & blues pero que cumplió profesionalmente, se mostró contento con su nueva etapa y con la voz -al menos en el debut del viernes- algo más cascada que de costumbre.
El tiempo dirá, en definitiva, cómo sigue la historia. Y seguramente irá llevando al cantante hacia un camino de mayor independencia de la banda de la que fue protagonista por tantos años.
Dejá tu comentario