"Joaquín Cortés Live" es un espectáculo exquisito desde el principio hasta el final, consecuencia del buen gusto y la excelencia del bailarín español y del rigor y altura estética del equipo de músicos, cantaores, iluminador y vestuarista (el cotizado modisto Giorgio Armani).
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El bello show de Cortés no traiciona los ancestros ni el estilo de baile flamenco que lo hizo célebre en el mundo. Más allá de una postura de divo que lo liga a la tradición operística, Cortés es un excelente bailarín que deslumbra permanentemente con la singularidad de sus movimientos y la avasallante personalidad que se desprende de sus actitudes y comunicación con el público.
Desde su entrada en el escenario, sólo acompañado por un grupo de cantaores y músicos (a diferencia de su show anterior en que bailaba rodeado por un grupo de mujeres) en una ilustrativa introducción seguida por un energético martinete, todas las apariciones del bailarín (Taranto, soleá por bulerías, alegrías, seguidiya y jaleos) deslumbran por la infinidad de recursos histriónicos.
El estilo del modisto Giorgio Armani, quien desviste o cubre su magnífico cuerpo, se halla presente a lo largo del espectáculo, en el que como es lógico tratándose de un divo de la danza, lo que más importa es él y su halo de star. La búsqueda del impacto visual se percibe en todo momento, aunque llega al climax cuando entra por la platea con el torso desnudo y una larguísima bata de cola negra de varios metros de volados, para luego entregarse plenamente a un «solo» de signo sufriente y atmósfera andrógina.
Los músicos resultan muy eficientes en todas las instancias, tanto los de pura estirpe flamenca (seis cantaores) como los que provienen de otras formas como el jazz y el afrocubano. Esta vez el entorno sonoro, a diferencia de «Soul», su estridente show anterior, fue sutil.
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