Tras la
excelente
performance
de toda la
compañía del
Ballet Nacional
de Cuba, un
público
emocionado
ovacionó a su
directora, la
venerable
Alicia Alonso.
«Don Quijote». Ballet en tres actos. Coreog.: A. Alonso, M. García y M.E. Llorente (sobre versiones de Petipa y Gorsky). Mús.: L. Minkus. Ballet Nacional de Cuba (dir.: A. Alonso). Vest.: R. Casteleiro y O. Llaugert. Luces: P. Benítez. (Teatro Coliseo).
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Después de una larga ausencia de casi dos décadas en los escenarios argentinos, volvió el Ballet Nacional de Cuba para realizar dos funciones de «Don Quijote», en su versión integral. La realización de este ballet en la compañía cubana data de 1988 y es un diseño coreográfico de Alicia Alonso, asistida por Marta García (quien dirigió durante varios años el Ballet Estable del Teatro Colón) y María Elena Llorente.
La producción se basa en los materiales originales de Marius Petipa y Alexander Gorsky, aunque Alonso y sus colaboradoras hayan volcado en ella algunos rasgos interpretativos propios de la Escuela Cubana de Ballet, que hacen hincapié en una fuerte presencia dramática del Don Quijote cervantino y en una simple y efectiva comicidad en algunos roles satíricos, como los de Camacho y Lorenzo.
El lirismo de «El sueño de Don Quijote», que ocupa gran parte del segundo acto fue resuelto con delicadeza y óptimo desempeño académico por el grupo femenino del ballet, mientras que los personajes principales de Kitri y Basilio brillaron por una calidad técnica apabullante. Tanto Viengsay Valdés como Joel Carreño fueron los jóvenes y carismáticos intérpretes de la pareja de enamorados que centraliza la historia narrada por este este festivo ballet. La pareja deslumbró sobre todo en el «Gran Pas de Deux» del tercer acto, de impactante virtuosismo. Los equilibrios de Valdés asombraron por su perfección.
La versión del Ballet Nacional de Cuba se aleja en algunos tramos de la conocida en el Colón, también basada en los originales de Petipa-Gorsky. Aquí se han sintetizado algunas acciones, hay menos personajes y el cuadro de la taberna del segundo acto ha desaparecido. Se reconocen algunos fragmentos musicales de esa secuencia en el cuadro de los gitanos y también en el acto final.
La compañía se muestra segura, con una preparación extremadamente cuidadosa y con valiosos trabajos solistas: Miguelángel Blanco (elegante y aguerrido torero), Hayna Gutiérrez (graciosa Mercedes) y Victor Gilí y Félix Rodríguez, divertidos ambos en sus pantomimas para Camacho y Lorenzo. El Ballet Nacional de Cuba posee estilo propio y en momentos hace de la economía de recursos una virtud. Así los vestuarios y las escenografías, llenos de imaginación aunque sin un despliegue de producción importante.
En el momento de los saludos, la presencia de Alicia Alonso provocando la ovación emocionada del público, fue un plus de esta recordable presentación de la compañía de Cuba.
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