Recital del pianista polaco Janusz Olejniczak. Con obras de Szymanowski, Chopin, Liszt y Debussy. (Teatro Colón).
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Escuchamos por primera vez al polaco Janusz Olejnicsak hace dos décadas, en un modesto recital organizado por el Centro de Estudios Pianísticos, y nos quedó un recuerdo muy grato. El año pasado volvió y fue uno de los cuatro pianistas que animaron las veladas Chopin en el Teatro Coliseo. Entretanto, Román Polanski lo eligió para esas conmovedoras interpretaciones en su film «El pianista»; y también se lució en «La nota azul» de Andrzej Zulawski, film en el que asume el papel de Federico Chopin.
En el concierto que compartió con la Filarmónica porteña tocó el Concierto N° 2 de Chopin. Será difícil olvidar la nostalgia que imprimió al Larghetto y su enorme expresividad en toda la obra. Ante la aclamadora ovación agregó el Nocturno que toca en una de las escenas más dramáticas de «El pianista» y lo coronó con una viril interpretación de la Polonesa Heroica.
En este recital lo encontramos físicamente disminuido, evidentemente una gripe o resfrío fuerte acompañado de tos convulsiva se apoderó de él. Pero cumplió, y a lo grande, con todo el programa. De su compatriota Karol Szymanowski (1882-1937) hizo las endemoniadas «Masques Op. 34», páginas de carácter stravinskiano que se atenuaron con las dos Mazurcas Op. 50. Con criterio contrastante, siguieron las elegantes y melancólicas Mazurcas del Op. 24 y Op. 17 de Chopin, como pórtico para la monumental Sonata N° 2 en Si Bemol Menor Op. 35, con marcado y denso dramatismo en la «Marcha fúnebre».
Con técnica deslumbrante no exenta de expresividad llegaron las piezas de Franz Liszt « Venezia e Nápoli», con sugestivos toques perlados y virtuosismo de primera. En los Preludios de Claude Debussy ofreció efectos casi visuales (Feux d'artifice) con empleo de múltiples gamas y resueltas las armonías hasta en sus facetas más recónditas. Agradeció al numeroso público los aplausos, y con gestos dio a entender que el malestar se extendió hasta en molestias musculares, recibió varios ramos de flores de admiradoras y se esfumó quién sabe hasta cuándo.
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