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28 de junio 2006 - 00:00

Panegírica fábula del poder de la fantasía

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Nélida Piñon «Voces del desierto» (Bs. As., Alfaguara, 2006, 312 págs.)

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Nélida Piñon (Rio de Janeiro, 1937), una de las plumas más talentosas de Brasil, reconocida internacionalmente por su exquisito uso del lenguaje -sobre todo en España donde fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias 2005- recupera en su última novela la figura mítica de Scherezade, la ingeniosa fabuladora que durante mil y una noches conseguía salvar su vida entreteniendo al sultán con sus historias.

Para empezar, su reconstrucción del mundo árabe, es sutil y colorida, con una gran riqueza de imágenes sensoriales que permiten evocar el refinado arte del Islam y los aspectos más positivos de la cultura de Medio Oriente, la que como es sabido no goza de muy buena prensa en el resto del planeta. Como para equilibrar la cuestión la autora de «La república de los sueños», famosa por su defensa de los derechos de la mujer, se sirve de esta fábula medieval para denunciar -casi en forma subliminal-la feroz misoginia que impera en países musulmanes. Si bien parece concluir que las principales encargadas de revertir esa situación son las mujeres (si éstas pudieran unirse y activar su inteligencia y astucia con cierta conciencia de género). Es el triunfo de la imaginación sobre la brutalidad del poder, al menos eso es lo que sugiere esta Scherezade «libertaria, insobornable y enamorada de la condición humana», como la definió su autora en una entrevista.

La heroína de «Las mil y una noches» ya no pretende seducir al sultán sino inocular en su mente el gusto por la fantasía y la necesidad de viajar con la imaginación.
Gracias a sus buenas artes de narradora y a la ayuda de su hermana Dinazarda y su fiel esclava Jasmine la joven irá humanizando al califa con la esperanza de reconciliarlo con el universo femenino.

Piñon describe la vida de la protagonista dentro de un registro poético. Las escenas de sexo que dominan las primeras páginas («He intentado imaginar lo que ocurría en las venas, en el corazón y en los genitales de Scherezade», dijo la escritora) enseguida dan paso a cuestiones más literarias y bastante menos carnales, puesto que el soberano va viviendo cada vez más de cerca los mecanismos de creación, y eso lo libera de su antiguo odio hacia la sultana (su primer esposa), a la que descubrió engañándolo con un portentoso esclavo negro.

Más allá de su tributo a la cultura árabe o su reivindicación del lugar de la mujer, « Voces del desierto» se ocupa ante todo del arte de contar y de los recursos que un buen narrador debe tener en cuenta para que sus lectores no lo abandonen. De allí que Piñon haya tomado de referencia a «Las mil y una noches», obra módelica en ese sentido. El material que utiliza es muy seductor pero, a no ilusionarse, las escenas eróticas ocupan muy pocas páginas.

Patricia Espinosa

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