"Los piojos" convocaron a 70.000 fieles el sábado en River, donde presentaron su octavo disco «Máquina de sangre». Con un show maratónico de tres horas y media, el grupo que lidera el carismático Andrés Ciro, responsable de las letras y la magistral armónica, hizo delirar a un estadio repleto (agotó localidades) de «piojosos», tal como se autobautizaron sus fanáticos.
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Las tribus rockeras se definen a sí mismas casi siempre por los opuestos: saben lo que no son pero no parecen conocer demasiado lo que son. «Los piojosos», desde luego, saben que «alaban» a su grupo como si se tratara de una «guía espiritual», a la vez que se identifican con «La renga», los «Rolling Stones» y «Los redonditos de Ricota». Pero los seguidores del grupo de mayor magnetismo y poder de convocatoria del rock nacional parecen tener más claro de quiénes buscan diferenciarse: corean con la misma intensidad a favor «Los piojos» y en contra de Luis Miguel.
El fervor es idéntico en los miles de fieles: visten atuendos similares, lucen cortes de pelo semejantes y consumen los mismos productos. Como el estilo «stone», «la piojera» viste pantalones ajustados, remeras coloridas y con logos de «Los piojos», «La renga» o «la lengua Stone» y predominan los flequilludos (a no confundir con los flequillos « beatle»; estos son flequillos « stone»).
Las luces del estadio se apagaron a las 21.30, hora y media más tarde de lo anunciado, pero el Monumental quedó iluminado por los fuegos de las bengalas que centelleaban en el campo colmado de público en movimiento. Los cánticos de alabanza a los ídolos sólo dejaron de oírse cuando se inició el ritual (como el grupo y sus fanáticos definen los recitales de «Los piojos»). Arrancaron con « Motumbo», para delirio de los fans, y pasaron «Desde lejos no se ve», «Ay, ay, ay», «Quemado», «Maradó», «Tan solo» y, para el tema «Amor de Perros», Ciro recibió a la primera invitada, Mimí Maura.
•Costumbres
Volviendo a las prácticas «piojeras», los fans adquieren las remeras o bolsos de la banda en los recitales o últimamente por Internet en la pagina lapiojera.com, donde se ofrecen más de 20 modelos de remeras que oscilan entre los 12 y 20 pesos, carteras y CDs de la banda. «La piojada» está diseminada por todo el país, ya que una de las características fundamentales de la banda es el espectáculo en vivo y la gira por el interior. Son legión los fanáticos que ahorran durante el año en función del cronograma de recitales para costearse los pasajes.
Aunque los fans provengan en su mayoría de zonas de bajos recursos, no escatiman en bengalas y fuegos artificales que van encendiendo durante las extensas horas de recital. Tampoco se privan de la obligada «birra» (cerveza) «tetra» (vino) y « porro» (marihuana). Pese a que en los estadios no dejan ingresar con botellas, el control nunca alcanza y la revisación es casi nula. Así, aunque se ve más gente tomando antes del ingreso al recital, varios lo hacen en el interior aunque -pese a los controleses más común que se fume a que se tome. «Los piojos», formados hacia fines del '88 entre un grupo de amigos de El Palomar, Caseros y Villa Bosch, comenzaron su carrera tocando en pubs de la zona oeste del Gran Buenos Aires. Entre sus influencias se reconoce claramente la de los Rollin g-Stones; posteriormente incursionaron en ritmos folklóricos y rioplatenses, en especial tango y candombe. El grupo lo completan los guitarristas Daniel «Piti» Fernández y Gustavo Kupinski, el tecladista Alvaro Torres, el baterista Sebastián Cardero, y el percusionista Facundo «Changuito» Farías Gómez.
•Antecedentes
En 1990, cuando «Los Redonditos de Ricota» los señalaron como la banda revelación del año, e incluso Skay Beilinson (de «Los Redondos») participó como músico invitado en conciertos de «Los piojos», los seguidores se multiplicaron. Otro de los invitados del sábado fue el bandoneonista Gabriel «Chula» Clausi, presentado con la frase «la juventud es una cuestión de actitud», en alusión a sus 92 años. Junto al «Chula», Ciro cantó un tango. Pero los «fieles» deliraron con el estreno del video de «Como Alí», tras lo cual los músicos salieron disfrazados de boxeadores, como se los ve en el clip.
No faltó la obligada liturgia final donde Ciro predica, como si fueran cánticos gregorianos, los nombres de los barrios porteños, localidades bonaerenses y ciudades del interior que figuran en banderas que llevan los fanáticos al estadio. Luego de amagar tres despedidas, «Los piojos» cerraron el recital con la repetición del video. A tono con el maratónico show, hubo también maratón de fuegos artificales, que se extendieron durante diez minutos.
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