Según el punto de vista adulto, la película tiene un punto extra condenable: parece un largo infomercial del juego de cartas (que, para colmo, más que un juego parece una colección infinita que les hará más daño en su economía que la entrada del cine y los baldes de pochoclo). De hecho, es difícil saber si es así, porque el juego de cartas parece comportarse como un poker cósmico donde todas las manos vienen con un joker. El protagonista tiene las mejores cartas, tan pero tan buenas que uno de sus contrincantes termina despertando de la tumba a una divinidad egipcia que deja por los suelos a cualquier contrincante que haya tenido el cowboy fullero La animación no es mejor ni peor que la de otros dibujos japoneses standard, pero hay monstruos más endemoniados que de costumbre, con combinaciones de colores sumamente intensas y vertiginosas, que sumadas a una música rarísima ayudan a distenderse y tratar de disfrutar de esta pesadilla.
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