6 de junio 2001 - 00:00

"Prefiero naturalidad a perfección técnica"

Ariel Rotter.
Ariel Rotter.
Temiendo que la gente no llegue a enterarse, Ariel Rotter estrena mañana su comedia «Sólo por hoy», reciente premio del público en el Festival de Toulouse. «Es que el presupuesto de toda la película, incluyendo el lanzamiento, equivale a lo que gastó 'La ciénaga' solamente en lanzamiento», explica el joven debutante.

Periodista: ¿Qué saldo le dejaron Berlín y otros festivales?

Ariel Rotter: Encontré una recepción sorprendente. La obra describe la vida cotidiana de cinco jóvenes argentinos, pero como sus conflictos no están en el exterior (desocupación, desmemoria, etcétera) sino en ellos mismos (timidez, sueños, etcétera), todos se identifican fácilmente, incluso quienes son de otra generación. Por ejemplo, Manuel Antín se identifica con el personaje del joven que quiere irse a París. Además, creo que la película gusta porque es honesta, natural, sin golpes bajos.

P.: ¿Cómo la hizo?

A.R.: Tenía un precontrato con un productor convencional, pero preferí arreglar con la Universidad del Cine, de la que fui alumno. En ella, gracias a sus instalaciones, hice cortos de apenas 200 pesos, por ejemplo, si es en blanco y negro se revela ahí mismo; y hay una práctica compartida de trabajar a bajo costo. Busqué además personas -preferentemente actores-similares a los personajes de la historia, de modo que lucieran naturales, y las encontré en Mariano Martínez, Federico Esquerro, Damián Dreizik, Sergio Boris y mi propia pareja, Ailí Chen.

P.: ¿Es cierto que improvisaban los diálogos?

A.R.: Lo que hice fue adaptar lo que estaba escrito a la forma de hablar de cada uno. Me importaba mucho esa sensación de naturalidad. Incluso nos prohibimos dar indicaciones técnicas a los actores, tipo «al decir esto avanzás dos pasos y te ponés cerca de esta luz», o «salís de primer plano y vas a plano pecho», y en cambio fuimos siguiendo lo que la misma escena nos pedía en cada ocasión. Claro que sin guión técnico, sin story-board, y con una cámara sin trípode, quedaron cosas muy íntimas, muy auténticas, que me gustan cada vez más, pero también otras que me gustan cada vez menos.

P.: En una escena se pierde el foco.

A.R.: Es culpa mía, que estaba haciendo cámara y dirigiendo al mismo tiempo, y de pronto quise hacer una seña. De esa misma escena teníamos otra toma, mejor filmada, pero elegí la que estaba técnicamente mala. ¿Por qué? Porque en todo momento prioricé las tomas que me transmitían algo. Prefiero eso, antes que una trama forzada, o una actuación dura. Es decir, la película es tan imperfecta como la historia que cuenta, como sus personajes, pero, quizá por eso mismo, en su conjunto es una película que está viva, que late. ¡Tantas veces me tocó ver películas muertas desde la misma puesta en escena, cocinadas, alejadas del espectador!

Proceso

P.: ¿Y ahora?

A.R.:
Ahora entiendo el proceso. Pasando la obviedad de ser ésta mi primera película, reconozco que todo esto tuvo una gran carga de inconsciencia, y que todas las etapas se fueron resolviendo por instinto. Es de pibe, decir «yo entiendo cómo puede funcionar». La verdad, siento que recién ahora puedo encarar una producción, ahora sé de qué estoy hablando. En cuanto al tema, hay uno que está en «Sólo por hoy», y que me gustaría profundizar: ¿cuántas veces te cruzás con la que podría ser la mujer de tu vida, en el colectivo, o en una panadería, y no te animás a decirle una palabra? ¿y cuántas cosas ganás, o perdés, cuando estás en pareja? Eso me gustaría desarrollar en una próxima película.

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