Berlín - Con el premio a Fernando Solanas por su trayectoria cinematográfica, entregado por el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, y la proyección de su documental «Memoria del saqueo» en el cine Internacional (una reliquia de la arquitectura soviética), culminó ayer la fuerte presencia argentina en la sección oficial del Festival.
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Compitiendo por el Oso de oro había sido cálidamente recibida el lunes la fresca comedia costumbrista de Daniel Burman, «El abrazo partido». En su cuarto largometraje, el joven director echa una mirada afectuosa a los comerciantes de una galería del Once, entre los que se encuentra el protagonista, un muchacho judío -interpretado por Daniel Hendler-en busca de un pasaporte polaco para poder emigrar. La película pinta con gracia el crisol de razas, analizando con perspicacia y más de un cliché étnico ( impagable Adriana Aizemberg, estereotípica madre judía), las tribulaciones de este Woody Allen porteño.
En el prestigioso Foro del cine joven, entretanto, se vio el documental «El tren blanco», dirigido por tres jóvenes egresados de escuelas de cine porteñas: Nahuel García, Sheila Perez Giménez y Ramiro García. Rodado en video digital, en el estilo aparentemente descuidado del cine «verité» y sin alardes estilísticos, el largometraje sigue las actividades de varios cartoneros y el tren de la linea Mitre que utilizan para trasladarse. El retrato busca el costado humano del fenómeno, evitando tanto el análisis sociológico como el apunte político. En el contexto de la Berlinale, esta película puede funcionar como un ejemplo más del « miserabilismo» que suele ser moneda atractiva a la hora de planear un festival.
Este último comentario desemboca directamente en el poderoso documental de Fernando Solanas, «Memoria del saqueo», cuyo título contundente resume sin ambages su tema e intención. Pensado como una memoria personal sobre la Argentina de los '90, la película revela al realizador en la plenitud de su capacidad artística. No puede verse fuera de su conexión con la obra anterior del director, especialmente «La Hora de los Hornos», documental de los años '70 con el que mantiene a la vez profundas continuidades y diferencias.
En forma de ensayo, narrado por el propio Solanas con elocución clara, tono urgente y cierto didacticismo, «Memoria...» utiliza el contrapunto visual asociado al cine político ruso de los años '20. El film abre contrastando imágenes de la pobreza máxima con las torres de la City porteña. La contraposición continúa visual y temáticamente a lo largo de dos horas, divididas en diez capítulos, que critican -desde una posicion de izquierda, atenuada la radicalización y sin el llamado a las armas de «La hora de los hornos»- «el vaciamiento y caída de dos culturas políticas nacionales: el justicialismo y el radicalismo». Palabras textuales del director en una charla informal con esta cronista en el lobby del hotel Marriott, en Potsdamer Platz. «Quería mostrar el minué y el tango bailado por la clase política argentina, pintando el nacimiento, ocaso y derrumbe del modelo político neoliberal».
En la conferencia de prensa (en la que, dicho sea de paso, el realizador ponderó a Néstor Kirchner, pero apuntó que « todavía le falta mucho para acabar con los resabios de la deuda privada pasada ilegalmente al estado») a un periodista que aludió a una nota aparecida en un diario alemán calificando este documental de panfletario, Solanas contestó, no sin ironía: «Estoy orgulloso de hacer panfletos con rigor estético y cinematográfico». «Mucho mas irónico -nos comentó en la charla posterior es que el documental defiende posiciones conservadoras, como la defensa de las instituciones y el proceso democrático».
Habrá que ver la reacción del público argentino después del 28 de marzo, cuando se estrene en Buenos Aires esta película pensada como un cross a la mandíbula del espectador. Sus ideas merecen debatirse con la misma pasión e inteligencia con que las expone en este documental.
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