En otros tiempos, con el nivel de popularidad de su último disco y con el grado de difusión que alcanzó en radio y, sobre todo, en TV, donde uno de los temas hasta llegó a ser la cortina de una novela, «Quién va a cantar» hubiera sido también un enorme éxito de ventas.
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Los tiempos de recesión no alcanzaron para colocar una cifra muy grande de copias (unas 25.000 hasta el momento, cuando a esta altura debería andar rondando, cómodamente, las 100.000). Sin embargo, esta repercusión creciente le sobró para desbordar las dos funciones en La Trastienda en las que Rubén Rada presentó el álbum con su enorme banda, donde se mezcla lo caribeño de los bronces con la cuerda de tambores uruguayos, la rumba con el candombe, el bolero con el cha cha chá, la plena con el rock and roll.
Rada es uno de los mayores referentes de la música uruguaya, el que supo unir, junto a los hermanos Fattoruso, los sonidos tradicionales de su país con los modernos del siglo XX, pasando inclusive por el jazz más complejo. En los últimos tiempos, el músico decidió acercarse más directamente al público y lo logró con un disco sencillo pero muy bien realizado, sin mayores pretensiones estéticas y, quizás por eso, muy efectivo en la relación con la gente y, como lógica consecuencia, también con su compañía discográfica.
El concierto incluyó todo el material del último trabajo. Pero en él no faltaron sus «travesuras» junto a su viejo amigo, el talentoso Hugo Fattoruso, con quien compartió «Somalía» («un tema de bôite», según el mismo Rada) y una muy buena versión del tango «Cuesta abajo».
Su banda, muy numerosa, se mostró también contundente y, más allá del liderazgo sobresaliente de Rada -por su música, su voz, sus tambores y, también, por su simpatía-, merecen destacarse las participaciones de la cantante Lea Bensasson y del guitarrista Daniel «Tato» Moraes.
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