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En su última novela, «El Ecomún olvido» (publicada en el 2002) Sylvia Molloy logró reformular ciertos temas y experiencias que marcaron su vida a través de una ficción dotada de buenas dosis de suspenso e intriga, y en la que a cada paso se podía percibir en su escritura un temblor de orden metafísico. Parte de ese material reaparece ahora en los 26 relatos de «Varia imaginación» con un mayor peso autobiográfico.
La autora parece abismarse en su propio pasado invocando recuerdos de familia, viajes, amores perdidos y hasta personajes sin nombre que marcaron su cuerpo y espíritu con insospechada vehemencia («con la fuerza de los miedos mal resueltos», como ella misma confiesa).
Las escenas que evoca ejercen una fascinación oscura y perturbadora, alimentada por secretos revelados a medias y por anécdotas que, pese a su peculiaridad, son capaces de condensar las fantasías más universales en relación a la identidad sexual y los vínculos familiares o como parte de esos enigmas y mensajes cifrados que los niños reciben del mundo adulto. Pero Molloy, que dejó Buenos Aires a los 20 años para vivir en Estados Unidos y dedicarse de lleno a la escritura, la enseñanza y la investigación, también aborda en estos brevísimos y deliciosos relatos el doloroso tema del exilio, aludiendo constantemente al desdoblamiento que implica vivir en el país del Norte y verse invadida por los recuerdos de Buenos Aires (ciudad que visita una vez al año). Revisar la propia identidad a fondo, o el lugar que uno ocupa en el mundo, es algo a lo que la autora se atreve con admirable valentía, quizás por contar con el más eficaz de los exorcismos, la literatura. Todos sus recuerdos personales están completamente infiltrados por lo literario, y esto es precisamente lo que los vuelve más humanos y conmovedores. Como buena lectora de Borges (en 1979 publicó un ensayo sobre su obra) Molloy escribe con el mayor despojamiento posible. Siempre calla más cosas de las que dice y lo que muestra es apenas una parte de lo que anida entre sombras. Gracias a este recurso, la resonancia de su decir se inviste de una tremenda fuerza erosiva, que bien podría asociarse a aquello que alguna vez se perdió y todavía duele.
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