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Desde entonces vive en prisión, ya que como protagonista de abundantes fugas (los únicos 70 días que pasó fuera de un penal), motines, desacatos, injurias, y demás etcéteras, se le han ido sumando condenas, con lo que todavía tiene para más allá del resto de su vida. El detalle, es que ya no es el mismo que cuando entró. Habiendo pasado los primeros tiempos como un animal salvaje, el régimen severísimo de confinación solitaria lo fue aplacando, y el inesperado amor con una enfermera, madre de tres niños, lo terminó de aflojar. Ahí, entonces, le cayó la ficha y empezó a dolerse por los crímenes que había cometido ocho años antes.
Hoy es un hombre casado, profesor de pintura y literatura de los otros presos, y su mayor alegría es la visita mensual de la familia. Sin embargo, la sociedad lo sigue viendo como un sicópata, y la sola existencia de esta película ya ha causado cierto revuelo. Dialogamos con el director
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