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Más bien una canchita de barrio, solariega, propicia para dar rienda suelta a una necesidad lúdica, que si bien es natural de la infancia y de la primera juventud, también alcanza al hombre con espíritu poético. Como lugar de encuentros y desencuentros en aquellas horas que escapan a la vigilancia de los mayores, el picadero invita a la audacia aventurera, al juego, a la danza, a la murga, al ingenio en movimiento. Entre risas y gritos se llega hasta el sonido más tenue que provoca el primer beso. Informate más
El clima que se vive es siempre festivo y acompaña con claridad y brillo el desarrollo de acciones ágiles, de dinámica veloz, sin lugares muertos. Mérito que debe reconocérsele a Los distintos números que estructura
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